La locura de Philip K Dick

Por Marcos Sáenz

A pesar de tener una baja taquilla, mucha gente, críticos y cinéfilos, afirman que “Blade Runner 2049” es la mejor película del año, sin duda alguna. Pero más allá de la genialidad de Denis Villeneuve, director de esta nueva cinta, o de la maestría en la producción y creación de la primera Blade Runner a cargo de Ridley Scott, está la inspiración nacida de la mente de uno de los más prolíficos autores de ciencia ficción de la historia moderna. La inspiración nacida de la locura de Philip K Dick.

Dick nace en Chicago,  junto a su hermana melliza, de manera prematura en 1928. Su hermana muere cinco semanas después del nacimiento, hecho que marco su vida por muchos años, mismo trauma que plasmo en varios de sus relatos. Su infancia estuvo plagada de dificultades; la separación de sus padres, las continuas mudanzas, la vida incomoda en Washington D.C. crearon a un Dick rebelde, inconforme con el sistema. Durante su juventud se volvió un activista de izquierda, en continua lucha contra el gobierno, fue por esta época cuando inicia su trabajo literario, escribiendo sus primeras textos de ciencia ficción.

 

 

Desde 1956 hasta el 1981 Philip K Dick escribió más de 30 novelas y un sin número de relatos cortos. Después de su muerte se publicaron 13 relatos más. Su narrativa era extraña, algunos críticos dicen que hasta mala y mediocre. Tenía una extraña forma de describir a sus personajes, que están estrafalarios, con atuendos grotescos y personalidades básicas, pero más allá de las viñetas fantásticas de sus protagonistas, estaban las historias proféticas que brotaban de su mente.

Muchos de sus relatos los creo para revistas y fanzines, esto le trajo a Dick poco reconocimiento en el círculo literario, además de serios problemas económicos, al grado que otros colegas, como el Maestro Robert  A. Heinlein, le apoyaran para poder salir a flote. El apoyo no era en vano, muchos veían en Dick un gran talento, que debía pulirse e impulsarse, pero la misma fuente de su inspiración, su locura, era el principal obstáculo para la carrera del escritor.

 

Desde 1956 hasta el 1981 Philip K Dick escribió más de 30 novelas y un sin número de relatos cortos. Después de su muerte se publicaron 13 relatos más. Su narrativa era extraña, algunos críticos dicen que hasta mala y mediocre. Tenía una extraña forma de describir a sus personajes, que están estrafalarios, con atuendos grotescos y personalidades básicas, pero más allá de las viñetas fantásticas de sus protagonistas, estaban las historias proféticas que brotaban de su mente.

 

No se sabe a ciencia cierta o si existe un diagnóstico médico fidedigno que lo corrobore, pero el propio K. Dick menciono en varias ocasiones que padecía de esquizofrenia. Hablaba de sus visiones con su hermana y de su continua paranoia hacia el gobierno, que según él, mantenía una férrea vigilancia por sus ideas controversiales y de izquierda. Sus cuentos y novelas están llenas de estos miedos, manías y fantasía; la obra de K. Dick está plagada de advertencias hacia el uso excesivo de la tecnología, hacia la sobre vigilancia del gobierno para traer paz y orden, como en Una mirada en la oscuridad, Minority report y la misma “¿sueñan los androides con ovejas eléctricas?” En su trabajo también descarga su afición hacia lo esotérico; la comunicación con los muertos, la vida en el más allá como lo vemos en Ubik, su afición al tarot y el I ching, herramienta de predicción china que usa ampliamente en El Hombre en el castillo, su mejor novela en voz de críticos literarios.

 

 

La locura permitió a Philip K Dick ver un futuro hiperconectado, desde el momento del nacimiento hasta la vida después de la muerte. Su paranoia nos permitió vislumbrar las consecuencias del pecaminoso camino del abuso de la tecnología para un bienestar efímero. Cada relato es pesimista, sin esperanza, como él veía su vida propia. Fue un crítico duro del sistema que solo genera infelicidad, esto queda plenamente plasmado en “¿Sueñan los androides en ovejas electrónicas?” . En la novela los hombres dudan de su propia humanidad, las maquinas son tan “humanas” que deben ser sometidas a pruebas especiales para certificar que son robots, y donde la humanidad tiene que escapar a realidades simuladas para sentirse libres y empáticos.

 

Más allá del variado catálogo de películas de basadas en los escritos de Philip K Dick, más allá de las geniales versiones de Scott y Villeneuve basadas en uno de sus relatos más famosos, en las letras del escritor loco de Chicago encontraremos claves para entendernos. Pistas para ser empáticos con el entorno y nuestros compañeros de mundo y dejar atrás la paranoia y codicia. En su locura, Philip K Dick nos deja las claves para ser humanos verdaderos y no soñar con ovejas electrónicas.

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