República Cinéfila | ¡SHAZAM!

¿Es esta la mejor película de los famosos superhéroes de DC Comics? De momento no, ya que aunque no es una obra maestra cumple cabalmente su objetivo de entretener, de serle fiel al concepto del personaje, de estar entregada a la diversión, a la contagiosa felicidad, a la ternura, a la camaradería y a la fascinación por hacer mágico lo normal, la cinta se lo pasa en grande en cada escena, en la muy interesante e inteligente construcción de un nuevo camino para las franquicias DC en el mundo del cine de Hollywood. Pero antes de detallarles todo mi análisis personal va primero la sinopsis oficial en esta trama de origen del personaje:
 
Todos llevamos un superhéroe dentro, solo se necesita un poco de magia para sacarlo a la luz. Cuando el niño Billy Batson (Asher Angel), un chavo de 14 años de edad que ha crecido en las calles de Filadelfia, grita la palabra ‘¡SHAZAM!’, se convierte en el superhéroe adulto Shazam (Zachary Levi), por cortesía de un antiguo mago (Djimon Hounsou). Dentro de un cuerpo musculoso y divino, Shazam esconde un corazón de niño. Pero lo mejor es que en esta versión de adulto consigue realizar todo lo que le gustaría hacer a cualquier adolescente con superpoderes: ¡Divertirse con ellos!, ¿Volar?, ¿Tener visión de rayos X?, ¿Disparar un rayo con las manos?, ¿Saltarse el examen de sociales?, Shazam va a poner a prueba los límites de sus habilidades con la inconsciencia propia de un niño. Pero necesitará dominar rápidamente esos grandes poderes para luchar contra las letales fuerzas del mal que controla el Dr. Thaddeus Sivana (Mark Strong).
 
Y es que Marvel y DC han ido recorriendo un camino similar, pero en sentidos inversos, si el primer sello arrancó con películas pequeñas en espíritu pero no desde los presupuestos, destacando primariamente a los superhéroes desde los aspectos individuales, para luego crecer en ambición, resaltar el conjunto y entrecruzar historias personales; el segundo empezó con una enorme ambición, queriendo construir un mundo interconectado desde la nada, y cuando eso falló, retrocedió al foco singular de los personajes y fue reduciendo las conexiones a lo mínimo e indispensable. Eso ya estaba bastante insinuado en “Wonder Woman” (2017) y sobre todo en “Aquaman” (2018), terminando de consolidarse en “¡Shazam!”, que se aleja bastante de la oscura solemnidad de “Batman vs Superman: El Origen de La Justicia” (2016), para insinuar otra clase de potencialidad que no llega a explotar del todo. Porque el molde básico del filme de David F. Sandberg es el relato de “Quisiera Ser Grande”, aquella hermosa película de Penny Marshall en 1988. Si aquella comedia protagonizada por Tom Hanks se centraba en un adolescente que súbitamente se convertía en un adulto, “¡Shazam!” tiene como premisa a un joven, Billy Batson, que por una serie de circunstancias adquiere la capacidad para transformarse en un adulto con toda clase de poderes sobrenaturales. En el medio, elementos clásicos de géneros y sub-géneros juveniles, familiares y de aprendizaje: el protagonista huérfano, que no tiene resuelto el trauma de la figura materna ausente; el mejor amigo que es un freak tanto física como intelectualmente; la familia disfuncional formada por padres adoptivos y otros huérfanos que cumplen con todos los estereotipos posibles; el progresivo descubrimiento de las habilidades y, claro, las responsabilidades que conlleva; y el villano que funciona como reverso exacto de la misma moneda.
 
Shazam
 
El que un buen filme como “¡Shazam!” descargue por fin a DC del legado oscuro que hizo en la saga el cineasta Zack Snyder (“Batman vs Superman”, “Justice League”) resulta irónico y da que pensar ya que pese a hallarse un tanto olvidado, el personaje es uno de los veteranos más longevos de la editorial porque nació en 1940, dos años después de Superman y durante la mayoría de su carrera fue conocido con el nombre de “Capitán Marvel” o, en España y Latinoamérica, “Capitán Maravilla”. Partiendo de esto, uno puede pensar que si la reciente cinta de “Capitana Marvel” como uno de los proyectos más esperados de la Casa de las Ideas ha resultado un trabajo normal tirando a correcto ha sido por su ambición de contentar a todos sus objetivos de mercado, desde las adalides del feminismo en redes sociales hasta los fanáticos de la cultura pop en la década de los años 90.
 
Mientras que, por el contrario, esta película de “¡Shazam!” resulta tan divertida porque asume lo que es sin darle demasiadas vueltas. De la misma manera, “¡Shazam!” demuestra haber tomado nota de “Spider-Man: Homecoming” (2017) y su fórmula para hacer creíble a un superhéroe adolescente en el siglo XXI. Si las virtudes del filme se quedaran solo en esto, y en lo mucho que se lo pasa el actor ingles Mark Strong como el villano resentido, ya merecería la pena; pero en su corazón hay bastante más. Esta película es pues, en apariencia, poco más que una broma divertida porque su premisa con la duplicidad entre el niño protagonista –Asher Angel– y su álter ego con poderes –Zachary Levi- parte de las historietas del personaje escritos por Geoff Johns, aquí productor ejecutivo, pero recuerda tanto a la clásica comedia juvenil hollywoodense con Tom Hanks “Quisiera Ser Grande” (E.U. 1988, “Big”) que la película no se priva lógicamente de lanzar guiños y referencias a la entrañable producción fílmica de la directora Nora Ephron. Porque, aunque el trabajo del realizador David F. Sandberg (“Nunca Apagues La Luz”) sea funcional y poco más, el guion de Henry Gayden acaba resultando una reflexión que parece sincera acerca del superhéroe como fantasía infantil de poder. No solo porque a su protagonista le cueste lo suyo asumir aquello de la gran responsabilidad cuando hablábamos de Spider-Man, ya se ve, íbamos en serio o porque el libreto se plantee preguntas trascendentales por ejemplo. ¿cómo logran los aventureros disfrazados orinar sin quitarse el uniforme?, sino también porque asume sin ambages que su punto de partida es todo un disparate, que su historia funciona al margen de las leyes de lo verosimil y que nadie en su sano juicio andaría por las calles con ese traje. Y con visto lo mejor de este Shazam con un Zachary Levi, genial buscándose la vida en la ciudad de Philadelphia y con lo peor de que la facción fan “seria” DC vuelva a enfadarse con esa capa, menos aún. Todas las piezas mencionadas previamente, “¡Shazam!” las maneja con bastante habilidad, pero sin la más mínima innovación, demostrando que conoce todas las reglas y códigos, pero que no pareciera querer atreverse a sumar una lectura propia que le brinde una identidad definida. Por eso unos cuantos de sus guiños como el chiste que hace referencia a la escena del piano de, precisamente, “Quisiera Ser Grande” lucen un tanto forzados, casi enciclopédicos; el recorrido del antagonista encarnado por Mark Strong, con sus resentimientos contra su hermano y padre a cuestas, no llega a cobrar la potencia necesaria; la resolución de los aspectos dramáticos –como la subtrama referida a la madre biológica de Billy o los dilemas morales que vienen con el uso de sus nuevos poderes- no salen de lo obvio; o, a la hora de establecer conexiones con el resto del mundo de DC, lo hace desde un cancherismo que no deja de ser algo culposo. Incluso hay pasajes verdaderamente interesantes en su coqueteo con lo atemorizante o monstruoso, en los que se nota la experticia de Sandberg en el terror –antes dirigió “Cuando Las Luces Se Apagan” y “Annabelle 2: La Creación”, pero que no terminan de ser exprimidos a fondo. En una escena maravillosa, Sandberg lo dice todo en su declaración de este filme, con un niño jugando a que sus muñequitos de Batman y Superman se pelean mientras al fondo otros dos titanes, más modestos, clonan ese mismo juego, de hecho en toda la cinta las referencias a los personajes de la editorial DC Comics y de la empresa Warner Bros. en sus series televisivas como en películas son muy constantes. Precisamente, en esos últimos minutos, hay una secuencia donde los personajes deben huir y se encuentran con varias puertas que conducen a realidades o dimensiones totalmente distintas, que incluyen criaturas de todo tipo. No es una secuencia original, pero sí una promesa de algo mucho más aventurero e impredecible. Eso que se promete no llega a aparecer del todo y se queda en insinuaciones.
 
David F. Sandberg
David F. Sandberg
 
Mi 8.5 de calificación a este filme pues “¡Shazam!” divertirá y emocionará a quienes lleguen a él sin conocer al Gran Queso Rojo que así es como apodan los fanáticos de DC al protagonista, pero a quienes ya tengan familiaridad con él les hará reflexionar, sobre todo cuando vean en la pantalla detalles del cómic que resultaban inimaginables en pantalla grande. Donde “¡Shazam!” sí se destaca con total fluidez es en la química lograda entre los distintos personajes, que se retroalimentan entre sí a partir de actuaciones que rara vez se equivocan con el tono: Asher Angel como Billy, junto a Zachary Levi como su alter ego Shazam, conforman con Jack Dylan Grazer -como ese compañero de aventuras que es Freddy– un dúo no convencional pero con perfecta química cómica; que a su vez se amplía con los aportes de Grace Fulton, Marta Milans, Cooper Andrews, Faithe Herman, Ian Chen y Jovan Armand, que arman una galería familiar que no puede ser otra cosa que adorable. De ahí que, llamativamente, sea en los minutos finales, con una vuelta de tuerca que rescata la noción de lo grupal, donde el filme consigue generar una verdadera empatía. Su conclusión será, por raro que parezca, que la única forma de hacer ‘adultos’ a según qué superhéroes es poniendo de relieve su lado más infantil. Libre del peso de la seriedad, el Gran Queso Rojo de DC vuela muy alto, y es que tras muchos años tratando, infructuosamente salvo las excepciones de “Wonder Woman” (2017) y “Aquaman” (2018), de dar con la palabra mágica que equiparara a la DC cinematográfica de estos últimos años con su competidora, la Marvel, ha terminado hallándola en el mágico grito de transformación de un niño antes de convertirse en ¡el Capitán Marvel! Seguramente sea esa modestia de la cual hace gala, incluso en las obvias referencias de los easter eggs para muy fans (“Smallville”, “Juegos de Guerra”, “El Chico de Oro”, “Howard: Un Nuevo Héroe”, “Supergirl”), la que hace que ¡Shazam! le haga la maleta china a la pesada trascendencia que estábamos sufriendo. Más allá de esta curiosidad, se convertirá en todo un clásico en la fanaticada comiquera, lo cierto es que el antiguo Capitán Maravillas de la editorial Fawcett, que por cierto no por casualidad es el nombre en la cinta del instituto donde van los protagonistas de ¡Shazam! pasó a ser rebautizada una suerte de reliquia naíf en el amplio catálogo DC que en este caso en ocasiones es una película mucho más adorablemente divertida que el resto de sus colegas de la editorial y universo fílmico. Mucho más cuando la gran pantalla se empecinó en mostrarnos las sombras, las taras psicoanalíticas y los complejos teológicos de sus superhéroes más populares. Una entretenida combinación de humor y corazón, “¡Shazam!” es una película de superhéroes que nunca olvida el poder real del género: la feliz satisfacción de los deseos. “¡Shazam!” es un filme muy efectivo y entretenido, pero que no llega a ir al fondo del todo con su propuesta, quedando como una pieza más de un rompecabezas que aún debe encajar apropiadamente todas sus piezas o definirse simplemente como un mundo eternamente fragmentado. DC está empezando a entender que no puede lograr lo mismo que el Universo Cinemático de Marvel, pero aún no definió sus propias fronteras.
 
Reseña: Shazam
 
Lic.Ernesto Lerma, titular de la sección y columna periodística.

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