X-Men, 20 Mutantes años después | República Cinéfila

Esta popular saga constituida por un conjunto de trece películas oficiales entre spin-offs que comparten un universo común, los X-Men es ya una serie construida a la manera del universo cinematográfico de Marvel Studios gestionado actualmente por Disney.
 
La historia cinematográfica de los X-Men es compleja cuanto menos. Ya no solo por la cantidad de películas, sino por la presencia de varias líneas temporales, creadas por “Días del Futuro Pasado”, además de decisiones de las que luego acabaron arrepintiéndose. Con cintas nominadas al premio Oscar, reboots imposibles y personajes inadaptables. Si hay algo que siempre ha caracterizado a la saga X-Men es su capacidad evolutiva Porque aqui el nombre clave aquí es el director Bryan Singer, quien como Tim Burton –”Batman” (1989), “Batman Regresa” (1992)-, Sam Raimi –”El Hombre-Araña 1″ (2002), 2 (2004) y 3 (2007)-, y Richard Donner –”Superman” (1978) y una versión de “Superman 2” (1980)-, hizo buenas cintas de superhéroes con cierto riesgo y mirada personal –”X-Men” (2000) y “X-Men 2” (2003)-, antes de que estas  fueran un éxito asegurado basado en su llegada generacional a un gran público cautivo.
 
Aunque Singer también es el responsable de ese artefacto aburrido llamado “Superman Regresa” (2006), con su “X-Men: Apocalipsis” (2016) continúa el buen camino de “X-Men: Días del Futuro Pasado” (2014), y lo vemos debatirse entre sus formas de autor de la vieja escuela y la manera moderna de hacer estas películas que es, a grandes rasgos, agregar a la trama un sistema de referencias y guiños gigantes para contentar a los fanaticos de los cómics que servía para reformular las continuidades, actualizar la serie y, de pasada, conectar a los elencos de todas las películas, esta última entrega da el paso siguiente, apela a la mitología clásica de los cómics para extraer personajes y eventos emblemáticos. 

Singer trabajó en las películas de 2000 y 2003, incluso reciclando antinomias, triángulos amorosos, ideas sobre la discriminación, la búsqueda personal de personajes como Mystique, etcétera. Los mismos conflictos que vemos cada vez que aparecen estos personajes que nos hacen preguntarnos hasta cuándo es válido seguir viendo variantes del cisma ideológico entre los personajes de Xavier y Magneto. Este filme apoyado en un comic de Marvel Enterprises que hizo furor a mediados en la decada de los años sesenta, esta es una formidable película estadounidense de aventura y ciencia ficción que marco todo un poarteaguas en el cine de hoy. Viene ambientada en un futuro próximo, en el que los seres humanos comparten la Tierra con unos mutantes, los hombres X, que son como cristianos potenciados.
 
En uno de ellos, Wolverine, se concentra la mayor parte del interés del filme. Esta criatura con nombre de hidrocarburo animada por el actor australiano Hugh Jackman tiene algo de felina: cuando se enoja le salen filosas garras de alguna parte de sus manos. Claro que, a diferencia de los gatos, este las tiene de metal, y no de cualquier metal sino de adamantine, algo más resistente que el titanio. No es esto lo interesante, empero, sino la facha del hasta en ese entonces desconocido Jackman: patillas largas, aire informal, gesto rebelde… pero con carácter. Este cóctel mezcla de Clint Eastwood con Elvis Presley en sus versiones jóvenes se combina con los logrados –cuándo no– efectos especiales y con el sugestivo planteo del guión para redondear un comienzo saludable. En el mundo que nos convoca esta producción filmica , el gran problema es la convivencia entre los humanos y los mutantes. O más bien, entre los mutantes y los humanos más repulsivos y paranoicos, que tienen en el macartista senador Kelly a su adalid. Si en la historieta original sobre la que el filme no operó demasiadas modificaciones argumentales esto funcionaba como una metáfora de la lucha por los derechos civiles, acá busca y logra ecos –sin nombrarlos– en otros hitos de la historia universal del prejuicio: la discriminación a los afectados por el Sida y a las minorías extranjeras.
 
El gran problema, no ya del mundo sino de X-Men, es que la sugestión, y especialmente la nobleza, se le terminan pronto.  Con el ultimo estreno comercial de “X-Men: Fénix Oscura” (2019) que todo hay que decirlo, fue un fracaso de critica y exito, la saga X-Men ya cuenta con tres trilogías completas donde no faltan películas muy interrelacionadas, otras absolutamente independientes entre sí, los siempre socorridos viajes en el tiempo y retrocontinuidades varias que esto es un revoltijo absoluto, vaya. El periplo cinematográfico de los mutantes de Marvel, gestionados entonces por Fox ahora por Disney en cine y televisión, no ha sido sencillo de seguir durante los últimos 20 años. Por eso, aqui analizo la siguiente guía de viaje en la primer cinta para aquellos espectadores neófitos con curiosidad para enfrentarse al universo X-Men por primera vez, pero tambien a los que quieran recuperar las películas de la exitosa saga desde otra perspectiva o quienes deseen aclararse un poco las ideas. Que cada uno elija la ruta que más se ajuste a sus necesidades.
 
X-Men
 
Seguramente te habrás preguntado muchas veces en qué orden debes ver la saga “Star Wars” por ejemplo, pero las aventuras galácticas del clan Skywalker no son ni por asomo la única franquicia cinematográfica con varias ramificaciones y líneas temporales, asi que los X-Men tras dos décadas y una decena de películas estrenadas, viajes temporales, borrados de memoria, reinicios, personajes que desaparecen. Antes de futuras secuelas, orienta tu gen-X. “Mutación: es la clave de nuestra evolución. Es un proceso lento que normalmente toma miles y miles de años. Pero cada determinado tiempo, la evolución da un salto adelante”.
 
Este fue el diálogo que marcó el inicio del filme “X-Men” (2000), considerada como la primera adaptación del cine de superhéroes de la era moderna y que sigue cosechando éxitos a 20 años de su primera entrega. Ahora que los X-Men está cerca de dar un nuevo salto en la evolución con su inminente incorporación al Marvel Cinematic Universe, ¿cuáles serán los resultados? Mientras esperamos por la respuesta, rememoramos a una de las franquicias más importantes del subgénero con la clasificación de primer película. “Blade” (1999) se estrenó un poco antes, pero la popularidad mutante, así como la naturaleza de su trama han provocado que “X-Men” sea considerada la primera película de superhéroes de la era moderna. Tuvo una premisa relativamente sencilla y fue acusada de minimizar a personajes clave como Cyclops o Storm en beneficio de Wolverine.
 
Esto no le impidió pasar a la historia por sus aportaciones al naciente subgénero, como demostrar que los efectos especiales finalmente habían avanzado lo suficiente para el desarrollo de estas adaptaciones y que la audiencia estaba lista para abrazar a estos guerreros. Mención aparte para Hugh Jackman, quien terminaría convirtiéndose en el mayor referente del llamado cine de superhéroes de los últimos 20 años. A poco de andar la cinta ya se dividen las aguas entre los mutantes. De un lado está el profesor Charles Xavier, animado por ese pelado increíblemente jovial que es Patrick Stewart. El otrora capitán de la serie televisiva de “Star Trek” es aquí el capo de los mutantes buenos. Los poderes telepáticos de don Xavier son sencillamente impresionantes. Si para muestra basta un botón, sépase que es capaz de controlar mentalmente a una dotación entera de policías sin mosquearse.
 
Del otro lado está el mutante malo, Magneto con un sobresaliente Ian McKellen, que aspira a barrer de una buena vez con los humanos… y sabe que, si se unen, él y Xavier serían imparables. Ahora bien: este pelado es muy, pero muy bueno y paralítico porque nunca se baja de la silla de ruedas. Y se perfila como el vértice de una montaña de corrección política que se prolonga en la Escuela de Niños Dotados (léase: jóvenes X) que dirige, y en la que las clases de superpoder son sólo algunas entre muchas otras, a las que podríamos agrupar dentro de una apenas camuflada categoría de “moderación cívica”. Del otro lado, Magneto no es del todo malo (Mc Kellen está muy bien), pero aparece como si lo fuera y, en condición de tal, todo está minuciosamente arreglado para que nos identifiquemos con Xavier.
 
¿Y qué es lo que quiere Xavier? En dos palabras: coexistencia pacífica. No simplemente con “los humanos” sino con los elementos pérfidos que los gobiernan y “representan”. Es decir, con los senadores Kelly que este planeta tiene por doquier… pero especialmente en los Estados Unidos. Y si no, que me expliquen por qué la batalla mas grande con el clímax, pero también su interminable prolegómeno tiene lugar a pasitos de la Estatua de la Libertad, sobre la sede de una reunión de estadistas que es lo más parecido a un pleno de las Naciones Unidas. ¿No es esto odioso? ¿No había acaso otra institución, otro evento más empático para invitarnos a palpitar su defensa desde el bando de los buenos? A esta altura, la que empezó como una buena pieza de ciencia ficción para adultos ya está plenamente convertida en un festival de superacción para infantes. Esa es la más grande mutación que depara esta película. Singer nos demuestra lo que se puede lograr contar cuando de base hay una mitología consolidada. Toda la fuerza emocional de la película fluye hacia el final en una gran batalla conceptual (quiero decir, no tan física). Podemos decir que los consolidados mutantes de Marvel mantienen el balance positivo, y que sus constantes repeticiones todavía no hacen tambalear los resultados finales de, al menos, sus últimas dos entregas. Esta es la película que lo inició todo. No necesita de grandes efectos especiales para conseguir lo que pretende. Todos están perfectos en sus papeles, salvo quizá Pícara, claro si eres lector de cómics.
 
X-Men
 
Por: Lic. Ernesto Lerma, titular de la seccion y columna periodistica.

Un comentario en “X-Men, 20 Mutantes años después | República Cinéfila

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

LATEST NEWS
A %d blogueros les gusta esto: