Nuevo Orden (2020) | República Cinéfila.

Nuevo Orden. Vaya ruido mediático ha hecho este filme nacional y es que al margen de las lecturas que se han hecho sobre su polémico trailer, la nueva película del joven cineasta Michel Franco más que distopía, es una hipérbole de la realidad que muestra con unos trazos finos los excesos de las élites y la furia contra el status quo, al tiempo que señala los peligros de la militarización atrapada en su propia ingenuidad “Nuevo Orden” es sin embargo la mejor película de Franco.
 
Porque es como un cruce de caminos entre el cine de Federico Fellini y el de Luis Buñuel, la sinopsis en su trama nos narra que cuando una boda que es celebrada en todo lo alto, en una lujosa residencia de la Ciudad de México, es tomada por asalto por desarrapados. Son personas que visten pingajos y se comportan como si fueran unos zombies. Armados, actúan agresivamente, en una dulce venganza del lumpen, al que le ha llegado su día. Los patrones déspotas son humillados y maltratados por las empleadas domésticas y criados, a los que apenas minutos antes veían con desprecio. Franco finalmente ha decidido a elaborar un discurso audiovisual y aunque cinematográficamente algo plano, su brillante puesta en escena denota un ojo más suelto, más dispuesto al diálogo con quién ve. Hay escenas en las que los viejos vicios de su cine de autor se manifiestan, pero hay otras en la que su reparto porque es la película mejor actuada en su corta pero interesante filmografía, desarrolla el ritmo visual que mantiene vivo un correcto guión que, en su aparente atrevimiento deja escapar un discurso de reacción que, insisto, peca de ingenuidad.
 

Promocionada como una “ficción necesaria” la película ya es atacada por su audacia redentora al reproducir esquemas racistas, cuando en realidad es por su ingenuidad que delata una visión política tan superficial como ausente de tacto ante este país que desde hace décadas ha cuestionado la presencia del ejército entre los civiles. Es decir, probablemente Franco pretende lanzar un llamado de alerta ante la presencia militar en las calles de la Ciudad de México donde ocurre esta historia, en un mensaje en su fondo tan complejo como convulso.
 
Pero en la estructura de su anécdota y en esa puesta en escena que narra como algo novedoso en su cine se cuela un discurso inquietante y tremendista que delata una visión muy poco comprometida con la problemática nacional. Franco escandaliza a su público en los primeros minutos de la cinta con una secuencia que deja helado a cualquiera. Y rápidamente nos sitúa en un México distópico, de guerra civil, que se encuentra al borde del colapso por la desigualdad abismal que ha habido desde siempre entre las clases sociales de este país. Este filme termina siendo visto con dos ópticas distintas, muy absolutistas, como lo plantea la misma historia. Una la catalogará como “una cinta necesaria y una muestra de lo que nos sucederá la próxima semana” y otra, como la de su servidor, que la considera como una película más de “ricos filmando a los pobres” –unos ricos aterrados de los “pobres”, cabe aclarar–, que brillará más en este país por la polémica generada que por lo que cuenta en la pantalla que recurre a la violencia orgiástica para rubricar una producción de elevadas intenciones, para mostrar una distopia del país que conocemos y que, gracias a un guión magnífico, se convierte en territorio al que no se ha llegado, aunque es inquietantemente reconocible. En su discurso político, la película lanza una oportuna advertencia sobre los alcances del poder militar, que pueden superponerse a cualquier otro de carácter político. Son los uniformados quienes empuñan los fusiles y son ellos los que tienen la última palabra, para imponer el toque de queda y establecer un metagobierno, dentro de un régimen totalitario en el que las libertades son suprimidas. Porque al echar un vistazo de los horrores que pueden derivarse de una dictadura militar, Franco convierte al Ejército nacional en toda una industria criminal y por ese atrevimiento, ya vale la pena esta producción fílmica.
 
Nuevo Orden (2020) Dir. Michel Franco | Latino Life
 
Mi 9 de calificación a este filme que con su sello de cine de autor y de clase mundial, Franco logra polarizar al público al provocar rabia y temor e indignación que mientras muestra la intimidad del despacho de un general, que decide la vida y la muerte de miles, revela que el pueblo está inerme y que, en los círculos del poder, todos se protegen, aunque hipócritamente se presenten en sociedad como los garantes de la independencia.
 
“Nuevo Orden” no es una cinta discriminatoria, ni clasista por el contrario, es sobre la discriminación y sobre la obscena diferencia de clases sociales que hay en el país cuya anécdota que es, al mismo tiempo, cruenta e inteligente, sigue a los anfitriones de esa boda que, en el transcurso de horas, les ocurre lo peor. Son sobresalientes las interpretaciones de los juniors con los jóvenes actores Darío Yazbek, Diego Boneta, y Naian González Norvid, que son arrojados a la desgracia, sin entender por qué el mundo es tan injusto con ellos y permite las tropelías de los piojosos, que apenas ayer les lustraban los zapatos. Con un hiperviolento epílogo que retrata una realidad pavorosa, que indica el camino que puede seguir el sistema de justicia en el país, que desdeña cada vez más los derechos humanos, y se inclina hacia la venganza como remedio para calmar el dolor de la sociedad lastimada porque mientras la Ley prostituida se cumple, para satisfacción de los poderosos, resuenan los heroicos clarinetes de una banda de guerra para enaltecer la imagen de los soldados como una inyección de miedo. Esta cinta es más una advertencia sobre las consecuencias de sus actos a quienes quieren revertir el acomodo actual de las cosas, que un llamado de atención ante la militarización del país, militarización cuyos efectos la mayor parte de la población lamentablemente ya conoce y padece con una inyección de miedo desde la óptica del miedo.
 
Nuevo orden (2020) - Filmaffinity
 
Franco criminaliza la protesta y le da la razón a aquellos que juzgan a quienes, de forma desesperada, exigen justicia desde las calles. En un contexto nacional donde las mujeres, más que nunca, se han unido para poder conseguir un país seguro para ellas, la película utiliza el color verde como símbolo de la lucha por el aborto legal en nuestro país como señal para ilustrar el peligro y para distinguir a quienes buscan desestabilizar el mundo.
 
En esta producción cinematográfica donde aparece un país en llamas, destruido por el “odio de los pobres hacia los ricos”, con monumentos vandalizados, vehículos incendiados, militares en las calles y un letrero donde se lee la consigna “Ni una más” en un México cada vez más dividido por el presidente, por las clases privilegiadas que se sienten amenazadas, por una realidad cada vez más asfixiante e injusta para la mayoría de la población el mensaje profundamente clasista de la película “Nuevo Orden” es el caos que la propia cinta plantea lo que termina por enredarla en sus ambiciones narrativas ya que “Nuevo Orden” no pasa de ser un estupendo filme de ricos contra pobres para convertirse en uno sobre un país militarizado, donde la gente que empuña un arma busca formas cada vez más despiadadas por vengarse de este establishment ya derrocado. 
 
La militarización y la llegada del ejército a las calles ocurre justo después de la revuelta en la que quienes no tenían rayan con mensajes contradictorios las paredes de las casas de los que sí tienen. Y en “Nuevo Orden” la mano dura castiga a los subordinados, los oprime, los golpea porque quieren levantar la voz en contra de la militarización en el discurso que le alcanza. El cine mexicano tiene más de dos ejemplos muy diferentes de ficciones que lo han hecho mejor formal y discursivamente y este es un buen ejemplo con la supuesta tragedia de su desenlace con los rebelados ante el orden actual quienes pagan todas y cada una de las consecuencias de su rebeldía y aunque lo hacen a manos del ejército del otro lado la élite abre la cartera y sigue disfrutando de sus beneficios, de todo lo que tiene.
 
La violencia social tiene una presencia cada vez más notoria que hace evidente lo innegable porque se está estableciendo un nuevo orden y ya no hay forma de evitarlo. Y en cuestión de segundos, una presencia enemiga advierte que este mundo de privilegio se ha roto para siempre. Ahora, lo que antes parecía una velada de lujos y privilegios, es atacada por un montón de salvajes; unos encapuchados y otros sin temor a mostrar en su rostro una gran satisfacción por arrebatarle a otros los que no han tenido nunca. Es una película que advierte sobre las consecuencias de alterar las cosas y romper este orden que quiere atemorizar al que levanta la voz haciéndole ver que es preferible dejar las cosas como están en lugar de saquear en el resentimiento para obtener algo que “nunca les ha correspondido” con una revolución que busca sólo la compensación material. La forma de la película parece decir que sí a esos temas que en la sociedad ya se tienen que discutir.
 
Lic. Ernesto Lerma, titular de la sección y columna periodística.

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