Llamas de venganza/Ojos de fuego | República Cinéfila

Esta película remake procura ser una especie de corrección del filme original del año de 1984, aunque lo conciso de su planteo le termina jugando en contra, porque a pesar de haber sido un éxito de público y crítica en el momento de su publicación, podríamos ubicar a Llamas de venganza/Ojos de fuego como parte de una segunda línea en la vasta obra literaria del popular escritor norteamericano Stephen King, que es muy sólida pero alejada de la maestría en sus llamativos relatos llenos de fantasía, horror, suspenso y terror.

Era un relato que combinaba con acierto elementos de las estupendas novelas y de las grandes películas Carrie (1976) y El resplandor (1980) -como la maldición de ciertos dones, el rechazo social, la tragedia familiar-, incorporando temáticas derivadas de la paranoia y la desconfianza hacia lo gubernamental que eran muy típicas en las décadas de los años sesenta y setenta estadounidenses.

La primera adaptación cinematográfica de 1984 tenía una buena dosis de ambición, pero también de experimento fallido -era quizás una película que había llegado demasiado tarde al cine de Hollywood que en el horror se nutrió mucho de las adaptaciones fílmicas de King-, aunque tenía a un gran actor como George C. Scott componiendo a un villano más que interesante a partir de la forma en que interactuaba con la niña protagonista interpretada en ese entonces por una pequeña y ya muy talentosa y bella Drew Barrymore.

Ahora lo de Llamas de venganza/Ojos de fuego, más que una actual cinta remake hollywoodense, es como una especie de intento de corrección, tanto al primer filme como hasta del libro, que está lejos de conseguir totalmente sus objetivos. En buena medida, la corrección que intenta la película del director Keith Thomas que va de la mano del guion escrito por Scott Teems, va por el lado de la estructura narrativa y en la síntesis de su contexto. El relato en la trama de esta historia se centra en Andy (Zac Efron) y Vicky (Sydney Lemmon), un joven matrimonio de clase media alta con poderes mentales cuya pequeña hija, Charlie (Ryan Kiera Armstrong), ha desarrollado la peligrosa capacidad para crear fuego, y que huyen de una oscura agencia federal que quiere capturarla para experimentar con ella y convertirla en una especie de devastadora arma de destrucción masiva. Cuando Charlie cumple once años de edad, ese poder, que se activa a partir de las emociones violentas, se vuelve cada vez más difícil de controlar y contener, pero luego de un incidente que revela la ubicación de la familia, un misterioso agente llamado Rainbird (Michael Greyeyes) es enviado para poder capturarlos, lo que desencadenará una nueva huida y un eventual enfrentamiento final.

Mi 7 de calificación a este remake, ya que si en Llamas de venganza/Ojos de fuego tanto en el libro y el filme original recurrían a idas y vueltas temporales, además de darle un lugar preponderante a los experimentos llevados a cabo por la temible agencia y las acciones de Rainbird, esta producción fílmica elige una mayor economía de recursos. Porque esa economía de recursos implica veinte minutos menos de duración -que es en realidad algo muy raro en estos tiempos de películas con metrajes cada vez más largos- y una mayor linealidad, con buena parte de los acontecimientos resumiéndose en la secuencia de créditos, la ausencia de flashbacks y una mayor concentración en el drama familiar, o más bien, paterno-filial. A eso se le suma un tímido anclaje estético ligado al terror de los años setenta y ochenta, particularmente a partir de la banda sonora, coescrita por el gran cineasta norteamericano John Carpenter y realmente la música instrumental está muy buena.

Pero lo cierto es que ese intento por ser más directo en el planteo de los conflictos lleva a que ningún personaje esté bien desarrollado y definido, para que todo suceda demasiado rápido, sin dar tiempo para generar empatía con lo que se ve en pantalla. Se puede intuir, por ejemplo, que seguramente Rainbird y la agencia para la que trabaja tienen un largo historial de conflictividad; que Andy y Vicky han atravesado múltiples obstáculos a partir del desarrollo de sus poderes; y que Charlie es una joven atravesada por múltiples tragedias íntimas y afectivas.

Pero todo eso no llega a surgir con la potencia deseada en la narración y la puesta en escena, mientras que los componentes dramáticos requieren de una enunciación constante, que hace a todo demasiado previsible. Paradójicamente, en contraposición a un cine norteamericano que suele pecar de gigantismo, Llamas de venganza/Ojos de fuego es un filme al que le falta ambición e ideas claras, que quiere contar su premisa a las apuradas y terminar rápido.

Por eso, más que un thriller, un relato de horror o un relato dramático, es un trámite burocrático tan efímero como inofensivo. Recordar que la cinta The Vigil (2019) era un estimulante relato de terror que, bajo el sello de la compañía cinematográfica Blumhouse y la dirección de Keith Thomas, conseguía transmitir emociones auténticas y reinventar una mirada hacia temas tan fundamentales y manoseados como la religión o la muerte. Sorprende que, estando en manos del mismo equipo, Llamas de venganza/Ojos de fuego resulte insulsa, áspera e incluso cómica. Hay planos como el inicial, con Zac Efron sujetando a un bebé en llamas que parecen sacados de una Scary Movie, la saga cómica en populares películas de Hollywood del momento. Esto es como un spin-off malo de X-Men, porque ni la dirección, ni la puesta en escena, ni los efectos especiales donde hay llamas que recuerdan a una película de los Muppets, ni las interpretaciones salvan del sopor.

La banda sonora, bien dirigida por Carpenter, martillea en lugar de acompañar. Y aquí les comparto un dato curioso: John Carpenter iba a dirigir la Llamas de venganza/Ojos de fuego original, la de 1984, pero fue reemplazado por el cineasta Mark L. Lester cuando su película previa, La cosa (1982), fracasó en taquilla. Aun así, para quien no haya leído la novela y la cinta de los 80, este esfuerzo apenas si esta entretenido y corto en su duración.

Por: Lic. Ernesto Lerma, titular de la sección y columna periodística.

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