La Columna Rota del Viejo Sordo. Caifanes – El Silencio.

En el año de 1992 Caifanes lanza su tercer disco “El Silencio”, producido por Adrian Belew, el grupo representativo del rock nacional en su momento se dio la oportunidad de experimentar, cabe mencionar también que en éste disco el famoso quinteto laboró con las propuestas de arreglos como también en el buen desempeño instrumental.

El disco nos ofrece un paseo de amor, desamor, interiorización ante circunstancias ambientales como también una crítica a los medios de comunicación, la ecualización de la tarola y el desempeño de Alfonso nos llevan del oído junto con Marcovich a postales tradicionales de nuestro México, preparen sus oídos para deleitarse con narraciones geniales de Saúl Hernández, que junto con Diego Herrera nos dan el ambiente sonoro con el grandioso Sabo Robo, que nos mantendrá latentes con su groove cotidiano, ya saben, manteniendo el ritmo y seduciéndonos en ocasiones con su walking bass o slap.

“Metamorféame”, el bajo nos capta la atención con su línea bien fundamentada, la batería con redoble comienza y la guitarra marcando el beat con un brillo bien equilibrado de ruido nos preparan para imaginar las frases que Hernández nos ofrece, Diego con su sintetizador da soporte a las metáforas características de Saúl, el solo acompañado de trompetas es el sello de éste disco, excelente canción para comenzar un álbum.

“Nubes”, es aquí cuando fundamenta André su capacidad con la introducción rítmica, la guitarra sutil al principio nos permite estar a la expectativa, para contemplar el bajeo de Romo, pausado y a tiempo, las trompetas de Diego nos ofrece el ambiente, la historia bastante común para cualquiera de nosotros, la guitarra hace memorable la canción con el solo de Marcovich, sencillo y directo para concluir con ese mismo riff del solo.

“Piedra”, con los sintetizadores, bajeo y ritmo de la batería nos dan una guitarra sutil que va creciendo poco a poco, en su lugar cada instrumento dan pauta a la voz, el solo de guitarra nos da una metáfora sonora entre lo acústico y lo eléctrico, la conclusión con vientos nos deja estupefactos.

“Tortuga”, ésta canción nos relaja de la tensión emotiva que hasta el momento nos genera el disco, la guitarra con acompañamiento sencillo hace del relato existencial ambiental una pieza para reflexionar.

“Nos vamos juntos”, una guitarra bien balanceada, la historia oscura de amor nos permite imaginar todas las frases de la canción, descansos adecuados cuando llega a la parte “B” al regreso de la estrofa poco a poco Marcovich va dirigiendo con sus riffs.

“No dejes que”, una introducción con guitarra hermosa, da apertura a imaginar ésta historia de amor, Saúl Hernández denota su maestría en las metáforas, curiosamente en ésta canción, nos regala metáforas muy sencillas, se conectan con sensaciones, el piano de fondo nos da el dramatismo y el solo nos transmite ese espíritu romántico muy a la mexicana.

“Hasta morir”, de nuevo nos relaja en ésta aventura audible, con motivo pausado que va en crecimiento del jugueteo de la guitarra, se pone acorde con todos los demás instrumentos, se llega a la parte “B” y se mantiene el mismo matiz, concluye con una guitarra bastante latinizada.

“Debajo de tu piel”, es una belleza de canción, sigue con sus motivos melódicos pausados, pero en ésta ocasión el bajo junto con la guitarra nos dan un groove genial, el sonido de Marcovich nos ofrece una nostalgia perfecta para la letra de Saúl, no va más allá, todo el grupo toca moderadamente, sin salirse de la línea, para permitir la expresión del canto.

“Estas dormida”, Marcovich nos regala una hermosa canción con su melodía, un desempeño bonito de Sabo Romo en su bajo, André tan solo se mantiene al tanto ofreciendo un beat sin tanto arreglo, aquí el grupo se conjuga para bien, Diego nos eriza la piel con su saxofón, es una balada hecha y derecha.

“Miércoles de ceniza”, los sonidos de Diego toman el protagonismo, la letra nos da un ambiente de nuevo oscuro, la guitarra conduce los momentos claves de la narración, la pieza estalla dando un efecto de caos, es el momento de André, suelta su beat y ejecución para levantar a todo el grupo, juego de eco al fina.

“El Comunicador” se mantiene en la misma línea, es una canción sencilla con atmósferas, la propuesta de Saúl en la letra nos hace reflexionar ante los medios, al menos es lo que todo mundo dice jeje.

“Para que no digas que no pienso en ti”, se cumplió el objetivo, una canción suelta en ritmo, suelta en riffs, con un estilo de bajo bien establecido, el sintetizador le da el sazón, Es rock? Es una canción al estilo norteño? Es sencillamente el estilo ya establecido de Caifanes.

“Vamos a hacer un silencio”, una pieza completa, en donde el grupo demuestra toda su capacidad adquirida, juego de guitarras españolas con sonidos ligeramente matizados por debajo del la melodía vocal, la percusión llenando adecuadamente, la estructura en general de ésta canción es perfecta para ir concluyendo el disco “El Silencio”.

El Silencio es un disco en donde el grupo estaba en pleno desequilibrio, el ambiente no era el propicio para divertirse, es una gran obra, aunque un poco rígida comparada con El Diablito o “Volumen II”, Caifanes demuestra su potencial, trasciende y posiciona su estilo, los consagra como todo un grupo de culto, propositivo, arraigado a nuestras raíces, este trabajo fue la madures del grupo, algunos dicen que el madurar duele, tal vez; pero a Caifanes lo catapulto y lo cimento como parte de nuestra cultura.

Echen oído al disco, hay un bonus track llamado “Mariquita” bonito son jarocho para disfrutar con un buen trago.

Seguimos en contacto, se despide su compa Albertnativo.

Marcos David Cruz Mandujano

Diseñador publicista músico, ocioso creativo por convicción y metodista en consumo por elección. Para los compas soy Albertnativo y cuando ando sobrio pueden decirme Patxo.

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