ROMA | DE MUJERES, SUEÑOS Y NOSTALGIA

Era inevitable (al menos para mí) dejar de pensar en Las batallas en el desierto después de terminar de ver Roma. Mientras el libro es un homenaje a la Ciudad de México de los años cincuenta, la película se sitúa en 1970 y 1971 y, aunque el director mencionó que era un tributo a las mujeres pilares de su vida, se nota también el gran amor que tiene Cuarón por la ciudad.

ROMA

Situada en la colonia que le da el título a la película, la primera mitad del filme nos muestra la cotidianidad en la que vive Cleo (interpretada por una magnífica Yalitza Aparicio), la empleada doméstica de una familia de clase media (de las de antes), su rutina y su relación con Sofía (su patrona a quien Marina de Tavira da vida) y sus cuatro hijos. Esta primera mitad a muchos les puede parecer difícil, contemplativa e incluso aburrida, ya que al parecer no pasa nada y navega entre la realidad y lo onírico, entre el español y el mixteco, pero hay que verla con detenimiento, el diseño de producción es simplemente fenomenal ya que la reconstrucción no solo de la Ciudad de México sino también de una naciente Ciudad Nezahualcóyotl es precisa tanto en escenografía como en situaciones que ya no se ven en la urbe: bochos, gente fumando en el cine (y en cualquier lado), el ruido del afilador, la ropa, los programas en la televisión, las calles y los personajes famosos de la época. Todo está tan perfectamente cuidado y bien montado que hasta una referencia a Gravity se cuela por ahí. Mención honorífica tienen dos escenas en especial; una situada en interior de una sala de cine donde se nota su inmensidad y el mar de gente a comparación de las salas de la actualidad, y otra donde apreciamos la vista desde Neza hacía el, en ese entonces, Distrito Federal coronado por un cerro con las siglas LEA (Luis Echeverría Alvarez). Y así, mientras viajamos en la rutina se nos van develando poco a poco los secretos y motivaciones de cada personaje.

Roma
Fotografía de Mariel Aldana

Todo esto pasa tranquila y delicadamente, para que de repente la realidad nos tome por sorpresa, siempre cruda, siempre fuerte, no solo para Cleo, sino también para Sofía y su familia: ¿alguna vez se han sentido un extra en su propia vida? ¿Han sentido que siempre están atrapados en el fondo, viendo a otras personas decir y hacer todas las cosas que sienten por dentro? Al inicio de la película, Cleo parece ser solo una espectadora, pero a medida que van pasando el tiempo, su realidad particular y la del México de la época, deja de ser una extra para convertirse en la protagonista. A pesar de que los sucesos son muy fuertes y violentos, la película no pierde la belleza y la delicadeza con las que llena la pantalla sutil y poéticamente a pesar de las crudas imágenes, esto gracias a la gran dirección que hace Cuarón —muchas veces el personaje al cual la cámara sigue se pierde  de la vista para regresar justo en el momento exacto—, las magnas actuaciones de todos —nadie por encima de nadie— y a la fotografía en blanco y negro que le da un toque hiperrealista.

ROMA
Fotografía de Mariel Aldana

Roma es el trabajo más personal de Alfonso Cuarón, al menos desde Y tú mamá también. Llena de nostalgia, (des)esperanza, cruda, bella y ante todo auténtica. Les dejo un extracto de Las batallas en el desierto que me parece el más adecuado para terminar esta reseña:

Qué antigua, qué remota, qué imposible esta historia… Demolieron la escuela, demolieron el edificio de Mariana, demolieron mi casa, demolieron la colonia Roma. Se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia. Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola

José Emilio Pacheco.

 

 ROMA (México, 2018, 135 minutos.) Ya en salas seleccionadas, en Netflix a partir del 14 de diciembre.

 

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