Crímenes de Familia | República Cinéfila

Crímenes de Familia. Con la interesante y llamativa trama en Argentina de un matrimonio adulto residente de uno de los barrios más lujosos en la ciudad de Buenos Aires, que deben enfrentar la acusación de intento de homicidio que pesa sobre su hijo Daniel, porque Alicia (Cecilia Roth) e Ignacio (Miguel Angel Solá) son un matrimonio de un pasar económico muy bueno.

Ellos lidian con las malas decisiones de su hijo Daniel, que ya pasa los treinta años de edad y no deja de traerles muchos disgustos. No ven a su nieto porque su ex nuera no los deja. Santi, el hijo de la empleada doméstica, Gladys, es para ellos como un nieto. Bajo este contexto, se presentan un montón de interrogantes que aparecen desde los primeros minutos. Ante la limpieza impecable que presenta la casa de la familia hay mucha suciedad escondida. El suspenso es el gran juego con el que se lleva a cabo en “Crímenes de Familia”
 
El director Sebastián Schindel sigue explorando el juego en el suspenso, apuesta a la imaginación de los espectadores y los enfrenta a ideas preconcebidas para esto, conjuga varias aristas que construyen la tractiva intriga. El manejo del tiempo es uno de los principales mecanismos que utiliza este filme para dosificar la información. Accedemos a algunos flashback que, de inmediato, dejan plateado el juego de reponer, de forma acertada o no, lo que no conocemos. Los personajes parecen sencillos, estereotipados, pero luego logran sorprender por su evolución. Aparecen configurados en esta idea del engaño. Alicia abraza fuerte a Santi con su ternura, su edad prematura, lo presentan despojado de toda maldad. Schindel nos acerca a un personaje que se va complejizando a medida que entramos más en la historia de esta familia.
 

El director se afianza, con este filme, aún más en el género del suspenso, y a su vez, explora aspectos psicológicos y las desigualdades sociales. Y es que el amor al hijo puede provocar en una madre la ceguera emocional permanente. Para Alicia, negar que su muchacho no es el ángel que cree, le traerá dolores muy intensos. Esta cinta es el reciente estreno presentado por la popular plataforma en servicio de streaming Netflix que muestra, en su trágica dimensión, cómo una digna dama de sociedad se esmera por ocultar las tropelías de problemas del vástago. La negación la mantiene viva. Pensar que el chico es solo una víctima más de las circunstancias le hace alimentar la ilusión de que aún tiene remedio, que puede comportarse con decencia y llevar su vida lejos de los broncas. Schnidel dirige y coescribe competentemente este denso drama sobre los secretos que hay al interior de cada familia. Elige el punto de vista de la alta sociedad, que banaliza los extravíos de los suyos, y se endulza la vida tratando de vivir dentro de una patética burbuja donde los demás, nunca ellos, son siempre los culpables. Alicia no acepta que su muchacho es todo un gandalla. Porque él es muy violento, drogadicto, desobligado, abusador. Su hijo Daniel, personifica al joven adulto que ha crecido con la simiente del mal. Ha incurrido en tantos atropellos al interior de su propia familia, que termina justamente en la cárcel, que es el lugar en el que debe estar, pese a que se defiende con falsas lágrimas de contrición. Sin embargo, la ley no sabe todos los delitos que ha cometido, hasta que las circunstancias encajan y la oscura realidad emerge.

 
 
Mi 9 de calificación a esta formidable cinta argentina con una historia que es como la de una familia de muchas, que esconden dramas. No hay familia sin secretos, aunque los de esta casa son mucho más profundos y vergonzosos. Cinta escrita con maestría en su guion, la película se mueve suavemente saltando entre los tiempos y las escenas.
 
Las retrospectivas son magníficas y se van encajando fácilmente en el relato. Mientras se ven las vicisitudes de los personajes, enfrentando a los tribunales, los hechos pasados se van intercalando para ir iluminando la escena completa. Es como un rompecabezas que se va armando pacientemente, entre las discusiones familiares dentro del hogar, el tribunal donde se ventilan los juicios y las oficinas donde se van cocinando los actos de corrupción, que ayudan a la impunidad y a perpetuar la acción de los canallas que resultan impunes.
 
El protagonismo cae en la actuación vigorosa de una gran actriz como lo es Cecilia Roth, que luce en su mejor forma histriónica. Es la abuela que ve con estupor como el hijo es degradado socialmente, ante su propia incredulidad en su transformación que es maravillosa. El corazón esperanzado se va tornando sombrío en la medida en que acepta la horrenda realidad, que termina por ubicarla en su lugar, con un par de sonoras bofetadas que le da la fea verdad que se ha negado a aceptar. La poco conocida actriz Yanina Ávila se lleva sonoras palmas como el personaje de la trabajadora doméstica Gladis, una chica con asomos de retraso mental, que ha llevado una vida llena de sufrimiento, que acepta en silencio y resignación.
 
Hasta que su insignificante existencia hace implosión. “Crímenes de Familia” es como un relato literario de dinámica lectura, sobre personas que deben desgarrarse espiritualmente, desprendiéndose de sus afectos, para poder avanzar en un mundo que se negaban a aceptar, pero que termina por imponerse con irreductible elocuencia. Lo que queda, según se dice aquí, es reconocer los errores, aceptar los hechos y avanzar, caminando, siempre, por el sendero de la justicia.porque los diálogos ambiguos también permiten la asociación con ideas erróneas. A través de determinadas palabras, de los puntos en la conversación, los tipos de planos que se utilizan y de la combinación con las otras escenas en las que aparecen, se deja librado al espectador a que pueda imaginar posibles situaciones.
 
E incluso, la narración de determinados hechos invita a visualizar situaciones que no vemos. Esto último, es un recurso que explora lugares más lúgubres que lo que se podría llegar a mostrar. Nuestra imaginación es amplia y tenebrosa, Schindel lo sabe y apela a eso. La elección de determinadas frases le permite, también, ir a los lugares comunes, “al sentido común”, para darle una vuelta, para desarmarlo. Y las palabras, esas nada sencillas y nada casuales, aparecen como anclas en el discurso. Gladys dice “me compró” y luego “me compró un pasaje”. Esa pausa que hace, ese volver a explicar, deja otra discusión que va más allá de lo que está diciendo en ese momento. Se logra así hablar, denunciar un tipo de sociedad que, aún en estos tiempos, incurre en la esclavitud. Y aunque hasta ahora hablamos de la historia y la intriga por develar, lo cierto es que el filme deviene en otra cosa. Y acá, capaz, el que no lo vio aun debería hacer una pausa y volver luego, para no sentirse spoileado. El personaje de Alicia es toda una gran incógnita. Está muy atravesada por la religión, el mandato, lo que debe ser y lo que no puede existir, subrayando esto último. La negación es uno de los temas que aparece en torno a Gladys pero que le sienta bien a Alicia. Ella aparece reflejada en diferentes objetos, todo el tiempo, sin embargo, no puede ver. Abrazar a ese nieto postizo es para Alicia salvarse por un rato. Santi viene a ser “el nieto como segunda oportunidad”. Ella se refugia en este niño todo en toda la película, pero a medida que avanza nuestro conocimiento sobre esta familia pareciera que los abrazos se vuelven más fuertes. Aferrarse a la niñez es querer retener un espacio en el que no cabe la maldad del mundo con los oscuros secretos en el hogar. Vale mucho la pena disfrutar este drama familiar de Netflix.
 
Lic. Ernesto Lerma, titular de la sección y columna periodística.
 

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