Halloween Kills | República Cinéfila

Si la cinta aclamada y gustada por el público y crítica mundial de Halloween (2018) era, además de una secuela oficial del icónico filme original del año 1978 como una relectura que se preguntaba cómo hacer un filme slasher en el presente, indagando en las repercusiones del pasado en las conductas actuales, la reciente película de Halloween Kills lleva esa operación discursiva hasta el extremo.

En cierto modo, hace algo parecido a Scream 2 (1998) porque riza el rizo, redobla la apuesta, expande su mundo y pasa de las consecuencias particulares a las generales, aunque sus resultados no son del todo muy redondos. Esta continuación arranca inmediatamente después de su predecesora, luego de que Laurie Strode (Jamie Lee Curtis), su hija Karen (Judy Greer) y su nieta Allyson (Andi Matichak) dejaran al temible asesino serial Michael Myers encerrado en el sótano de la casa en llamas de la primera.

Sin embargo, Michael logra escapar al conseguir liberarse de la trampa, y retomar su habitual accionar homicida, justo cuando Laurie es incapaz de oponérsele, ya que está recuperándose de sus fuertes heridas en el hospital. En cambio, los que deciden defenderse y enfrentarse a Michael son los habitantes en la ciudad de Haddonfield, desde los más viejos hasta los más jóvenes. Es por eso que decidirán hacer justicia por mano propia y formar distintas patrullas ciudadanas, con desenlaces de todo tipo. Si la figura de Curtis, con toda su iconicidad a cuestas, era el puente que utilizaba el filme del 2018 para entablar un diálogo estético con la materialidad del clásico de 1978, en Halloween Kills ese intercambio se extiende a la estructura narrativa, con otros puntos de vista ejerciendo sus propias lecturas.

No solo otras víctimas de Michael Myers, acechadas por esa sombra siniestra que les dejó un trauma imborrable, sino también el propio Myers, con todos los enigmas que lo rodean a cuestas: sus orígenes homicidas, las motivaciones que lo impulsan, su malignidad inagotable, incluso -y quizás principalmente- su resistencia casi mítica. De hecho, la puesta en escena del director y coguionista David Gordon Green se interroga de forma constante sobre la persistencia del mito del Mal -así, con mayúsculas- y su poder a nivel íntimo, pero, fundamentalmente, social. A medida que pasan los minutos, Halloween Kills va dejando cada vez más explícita su condición de meta película, de parodia reflexiva sobre el popular subgénero cinematográfico que es el slasher y sobre la propia saga de Halloween.

Ese ejercicio metalingüístico y discursivo que plantea el filme, con toda su carga psicológica y sociológica -hasta podría decirse que psicosocial, por cómo aúna conceptos- es tan ambicioso como desparejo. Halloween Kills despliega un abanico de personajes y subtramas que no llegan a consolidarse del todo, exhibe unos cuantos baches narrativos y cae en una solemnidad un tanto excesiva en función de plantear su tesis. Sí tiene a su favor un ritmo vigoroso, que casi nunca decae, además de un puñado de secuencias donde Green muestra su formidable talento para crear una tensión y exprimir al máximo la brutalidad innata que aflora en la figura de Myers, quizás uno de los mejores villanos que ha dado el cine de terror de los últimos cincuenta años. Esas virtudes son aun suficientes para arribar a un cierre discutible, pero, al fin y al cabo, interesante en su perspectiva, que deja las puertas abiertas para la tercera y última entrega que se llamará, oportunamente, Halloween Ends, pero que también es una clausura en sí misma, una conclusión sobre el rol de ese propagador del miedo interno y de la histeria colectiva que es el iconico Myers. Ese papel no es solo hacia adentro de la trama, sino hacia afuera, en dirección a un conjunto de espectadores que, generación tras generación, han establecido un vínculo de retroalimentación con un entramado ficcional tan fascinante como inquietante. Halloween Kills le habla explícitamente a ese público y plantea varias ideas muy atractivas para repensar y revigorizar la saga, aunque solo a veces de a ratos las lleva a su concreción con la solidez adecuada.

Halloween Kills

Mi 8 de calificación para correcta producción fílmica, en su trama la ciudad de Haddonfield se levanta en armas contra un ignífugo Michael Myers. «¡El mal muere esta noche» es el grito de guerra que la ciudad de Haddonfield corea ante el retorno de Michael Myers en Halloween Kills. Más de 40 años después del estreno del clásico de John Carpenter, la multitud desenfunda sus armas para dar caza al psicópata, en una persecución que iniciaba Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) en La noche de Halloween (2018). Menos caótica que su predecesora, más intensa y con un claro resurgir del carácter inicial de la saga de terror, la segunda película de la trilogía de David Gordon Green continúa obviando las secuelas surgidas después del título original de Carpenter. El cineasta recupera el mejor espíritu slasher de la franquicia, donde Lee Curtis traspasa el peso de la acción a Judy Greer (Karen) y Andi Matichak (Allyson), mucho más asentadas y con papeles más coherentes en esta nueva entrega. Pese a ello, sorprende la inutilidad de Laurie en esta nueva secuela, quien aparece en un montaje paralelo a la trama del asesino.

Una recuperación en el hospital excesivamente larga, que prepara la construcción del clímax para el enfrentamiento final contra Myers en Halloween Ends (2022). ¿Pero dónde quedó la fortaleza de esa final girl icónica? Entre ríos de sangre, una fotografía más cuidada y escenas rodadas con mucho más mimo, Halloween Kills alude al factor nostalgia del espectador. La exploración en el pasado del asesino en serie nos recuerda algunos de los capítulos más sombríos de Haddonfield, que se suma a la reaparición de personajes del taquillero título de 1978. Las actrices Kyle Richards (Lindsey, en la franquicia) y Nancy Stephens (Marion) regresan así cuatro décadas después, mientras que personajes como Tommy o el agente Loonie son retomados por otros intérpretes nuevos.

Sin dejar de lado la vuelta del primer Myers: Nick Castle. Un filme que homenajea así a los supervivientes de la franquicia, quienes se suman a la turba. En un vuelco de los acontecimientos y plasmando la desesperación de la población, Halloween Kills visibiliza cómo el miedo transforma a los habitantes en monstruos capaces de cualquier cosa. Las deflagraciones, los disparos o los acuchillamientos son incapaces de frenar al personaje en un alarde de fortaleza sobrenatural.

Así, un indestructible Myers volverá a demostrar sus dotes sobrehumanas, que podrían adelantarnos una futura explicación del origen de la maldad de Myers y su relación con la magia negra, que ya nos contaban algunos de los filmes de la saga. David Gordon Green se vale de una puesta en escena que venera el estilo que John Carpenter convirtió en escuela. Imagen granulada, pasillos oscuros y calles desiertas. O sonidos como el crujir de la madera, escalones que truenan y música de sintetizador tan característica especialmente de esta saga. El suspenso es efectivo, pero también divertido.

Los guionistas no olvidan que una de las características principales de este tipo de películas es hacer del viaje una montaña rusa. Y quizás en ese sentido, una de las novedades es el uso de la violencia más gráfica que en las anteriores aportaciones de la saga. Mucho más divertida y sangrienta que La Noche de Halloween, y con grandes pretensiones de cara a la tercera entrega, la franquicia Halloween aún tiene mucha más sangre que derramar que se convierten en valiosos momentos para la saga. Es ante todo un estudio sobre los símbolos del miedo, que prácticamente celebra la existencia de esta serie de filmes y la de un personaje tan emblemático cuyo único rostro es una máscara blanca usada a través de los años hasta el cansancio. Una digna aportación a la franquicia, que tiene bien estudiado el género y que se permite hacer una reflexión un poco más profunda sobre el significado del miedo. Porque Myers no sólo es un asesino común y corriente, sino que es un sádico y metódico que en ocasiones apuñala más de lo necesario y que es bastante creativo para hacer de la casa crimen una fiesta. No obstante, la sangre no es gratuita y los creativos detrás de la cámara son ágiles para trazar el camino que configura cada muerte. Esta es una mas que digna aportación a la popular franquicia que tiene bien estudiado el género y que se permite hacer una reflexión más profunda sobre el significado del miedo.

Lic. Ernesto Lerma, titular de la sección y columna periodística. 

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