El cine de terror tiene rostros que son inconfundibles, pero ninguno ha permeado la cultura popular con la ubicuidad de Ghostface. Un artículo publicado por la revista especializada Fangoria ha arrojado luz sobre los orígenes desconocidos de este ícono, revelando que la creación de la máscara de Scream es mucho más compleja que un simple hallazgo de utilería. La historia nos lleva a principios de los 90 y al nombre de un artista que a menudo queda fuera de los créditos: Loren Gitthens.

Según la investigación, el diseño que hoy aterroriza a las audiencias no nació en los estudios de Dimension Films. La máscara de Scream tiene sus raíces en el trabajo de Loren Gitthens, un artista de efectos especiales de Alterian Studios. En 1990, Gitthens creó un concepto llamado «Ghost Maker», un kit que permitía a los usuarios crear su propio fantasma con una cara de plástico vacuforme y una sábana. Este diseño, inspirado en una escultura previa suya llamada «Screamer Long Jaw», sentó las bases estéticas de lo que vendría después.

La narrativa oficial suele saltar directamente a la empresa de novedades Fun World. Como detalla Fangoria, esta compañía lanzó la línea «Fantastic Faces» en 1991, que incluía al «Peanut-Eyed Ghost» (Fantasma de ojos de cacahuate). Esta versión comercial de la máscara de Scream compartía un ADN innegable con los conceptos que circulaban en la comunidad de efectos especiales de la época, inspirándose también en el expresionismo de Edvard Munch y la animación clásica de los años 30.
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El momento crucial llegó durante la preproducción de la película original de 1996. La productora Marianne Maddalena encontró la máscara de Scream —entonces solo un disfraz de Halloween genérico— abandonada en una casa durante una búsqueda de locaciones. Wes Craven, el legendario director, supo de inmediato que ese rostro plástico y lamento congelado era la identidad que necesitaba su asesino, aunque el estudio inicialmente se opuso vehementemente, exigiendo diseños originales para evitar problemas de derechos.
Tras varios intentos fallidos de crear un rostro nuevo (cuyos prototipos hechos por KNB EFX no lograron convencer a nadie), la producción volvió a la máscara de Scream original de Fun World. Se llegó a un acuerdo de licencia que cambió la historia del merchandising de terror para siempre. Lo que comenzó como un ejercicio creativo de Loren Gitthens y un producto de temporada, se transformó en la cara del slasher moderno.

Hoy, la máscara de Scream es una entidad propia, separada de los actores que la portan en pantalla. Es un testimonio de cómo el diseño industrial y el arte de efectos especiales pueden converger de formas inesperadas. Gracias a reportajes como el de Fangoria, podemos reconocer que detrás del fantasma de Woodsboro, existe el «fantasma» creativo de artistas como Loren, cuyo trazo sigue vigente tres décadas después.