DIABOLUS IN MUSICA, LOS ASESINOS DICEN ADIOS

Por Allan Márquez

Es el año 1998 y estoy en casa de mi compita Eme, al cual conozco desde el 93 y al que deje de ver por un par de años (1996-1998). En su habitación se respira un aire musical, vena que traía el chamacon puberto desde antes de conocerlo, tiene su guitarra en su pedestal y una pedalera que acaba de adquirir, en su componente suena el nuevo disco de Slayer, “Diabolus in Musica” y no reconozco a la banda, pues me sonó muy Nü metal, y no un trash demoledor al que estoy acostumbrado. Pero que voy a saber yo, si apenas tengo 15 años y siempre me ha gustado más la vieja escuela del rock.

Así que sin más, le pido el cd a mi compita y me lo presta, ya en casa más relajado escucho cada track del diablo y percibo una batería endemoniadamente chingona que va a destiempo en los compases con respecto al bajo de Tom e inmediatamente después de una precios intro del track bitter peace, comienzo a poner más atención en la lírica y esta me atrapa, me seduce y me vomita después.

Si bien no es el mejor material de una de las bandas más grandes del trash, el sonido no es tan Nü después de todo.  Así que pienso –bueno tenían que evolucionar y atrapar a los nuevos públicos- como si yo fuese un viejo con barriga y chaqueta de los hell angels que observa a los nuevos chamacos sentirse metaleros.  Me levanto del sofá y saco el “mejor disco de la banda” Raining Blood y lo pongo en el reproductor.

Mis oídos revientan con los primeros acordes y reitero, esto si es Slayer no el Diabulus, aunque sea buen disco, no es el Slayer crudo y blasfemo que me enamoró –claro sin importarme que el buen Tom es súper católico-.

Al pasar un par de años, ahí del inicio del nuevo milenio, dando un rol por la zona rosa, cuando rifaba, me clave en una de las mejores tiendas de discos que había, Tower Records y vi en sus lanzamientos “God Hates all us” Slayer. De inmediato me lanzo a los anaqueles, tomo unos audífonos- que era lo chido de la tienda, poder escuchar el disco ahí mismo- así que hago lo propio y damn, mis oídos revientan de inmediato con la primer rola Disciple. Sonrío y pienso esto si es Slayer, sin embargo como van transcurriendo los tracks me retracto y ni siquiera termino de escuchar el disco y guardo el varo que ya había sacado emocionado.

Debo confesar que este fue el último disco casi completo que escuche de la bandita trashera, quedé tan frustrado que realmente solo le día algunos vistazos a sus nuevas rolas en años posteriores. Lo más rescatable llego a ser que no bajaron su ímpetu y volvieron a realizar arte gráfico muy sádico, el cual atrapaba a los seguidores ochenteros y noventeros.

Ya han pasado 17 años desde esa vez del tower y debo confesar que no tuve la oportunidad de verlos en vivo y saber que ya se retiraran después de más de 20 años de menear la mata y haznos volar los sesos, si parte la madre. En fin –dijera Saúl, “todo tiene un fin”.

Este fin lleva consigo una chingona gira internacional, donde Slayer se hará acompañar de bandotas como Antrhax, Testament, Lamb of God y Behemouth. Después de dicha gira, que esperamos y también pise México, Sólo nos quedará escuchar los gritos y de Tom en reproductores.

 

 

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