Perfectos Desconocido de Alex de la Iglesia

Asumir que no hay secretos entre las parejas y los amigos, ciertamente resulta una inocente declaración; lo cierto, es que los humanos constantemente simulamos tantos sentimientos y lealtades a los otros, que al momento de descubrir aquellas traiciones y mentiras mutuas, solemos enfrentarnos al espejo de nuestra propia existencia.

Perfectos Desconocidos (2017) del cineasta español Alex de la Iglesia (El Día de la Bestia, Balada Triste de Trompeta, El Bar), afirma la madurez a la que ha llegado el español y justamente centra sus ejes de lectura sobre las traiciones y secretos entre las parejas y los amigos. Ésta se estreno el pasado diciembre en España, a partir de su exhibición local y en algunos otros países, excluyendo hasta ahora a México; ha tenido un importante impacto a nivel mundial tanto en la crítica como con el espectador, a pesar, de no ser una pieza original sino un remake de  (Perfetti sconosciuti 2016) de Paolo Genovese.

Si algo reviste la obra de De la Iglesia es su agudo humor negro, la manera en la que constantemente desenmascara la simulación para compartir con el espectador interesantes retratos de las sociedades actuales inmersas en el verbo fingir como un estilo de vida, como un mecanismo que nos funciona para lograr y alcanzar objetivos sumamente profundos y también sumamente banales; nos muestra como sobrevivimos en una jungla ficticia establecida y aceptada por todos.

El planteamiento de convertir una cena de amigos en pareja para destapar juguetonamente dolorosas mentiras con una dinámica que consiste en compartir con todos los de la reunión, los mensajes, notificaciones y llamadas a sus móviles, realmente podría parecer inofensiva, pero los resultados son reveladores e  interesantes.

Durante los primeros diez minutos de la charla en conjunto de pares, esta se acerca a un corte Wooddyallenesco, donde adultos medianos y maduros hablan despreocupadamente de cualquier tema sin miramientos, pero en realidad es justamente la simulación de la simulación.

Otro elemento ha destacar de Perfectos Desconocidos, (aunque ya no tanto porque cada vez es más común) es la manera en la que los smartphones y las herramientas comunicacionales de nuestro tiempo se insertan en la narrativa de forma natural como otro personaje protagónico, el cual justamente es el médium que todo lo sabe y que contienen en sus giga-memoria todos los detalles que entretejen esas marañas diseñadas a partir de secretos, mentiras y traiciones.

Aunque en esta última entrega del cineasta, se muestra mucho más mesurado en las situaciones e imágenes a las que tiene acostumbrado a sus seguidores, no por ello, olvida insertar lo fantástico a partir de un eclipse en sincronía con la cena de amigos en pareja,  parece alterar el tiempo y los hechos que ahí ocurrirán.

El cierre de ésta última pieza de Alex de la Iglesia es extraordinario, pone sobre la mesa por lo menos dos planteamientos sumamente despiadados y desesperanzadores; si a pesar de saber las consecuencias de la ventilación de nuestros secretos como un acto liberador, mejor decidimos no hacerlo, ¿qué resulta entonces más conveniente? la franqueza que nos presenta desnudos y que seguramente nos enfada o la confortante simulación que nos permite continuar nuestras falsas vidas.

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