República Cinéfila | Megalodón

Después de todas las cintas de superhéroes que tuvimos en cartelera, la idea de una película que muestre a Jason Statham enfrentarse a un enorme tiburón es música para nuestros oídos. Esto es “Megalodón” el tiburón en cuestión es un supershark prehistórico que no recibió el memo cuando todos sus compañeros se extinguieron y ahora viene a atacar al mundo.
 
Y es que desde que el jefe Brody en “Tiburón” (Steven Spielberg, 1975) avisase al capitán Quint de que necesitaban un barco más grande, multitud de escualos han intentado comernos creando un divertido, amplio y desvergonzado subgénero. Ahora que ya está bien visto reivindicar el filme “Deep Blue Sea” (Renny Harlin, 1999), tenemos una oportunidad perfecta para reencontrarnos con un cine espectáculo gamberro que busca llenar las salas de público con ganas de fiesta.
 
Para ello, el argumento nos ofrece un tiburón prehistórico, un grupo de científicos con locos artilugios, diálogos deliciosamente ridículos y a Statham poniendo su cara de héroe de acción. Sin embargo, el director Jon Turteltaub y su equipo parecen olvidarse por momentos de que lo que necesitamos es otra fila de dientes, una aleta dorsal más grande y que el océano se tiña mas de rojo. En la sinopsis en la trama de esta historia, un submarino de aguas profundas como parte de un programa internacional de observación submarina ha sido atacado por una criatura que se creía extinta, y ahora se encuentra deshabilitado en lo más profundo del Pacífico con su tripulación atrapada en su interior. 
 
Con el tiempo, Jonas Taylor (Jason Statham), un experto en rescate en alta mar, es reclutado por un visionario oceanógrafo chino (Winston Chao), en contra de los deseos de su hija Suyin (Li Bingbing), para salvar a la tripulación y al océano de la amenaza imparable con un tiburón prehistórico de 23 metros conocido como el “Megalodon”. Lo que nadie podría haber imaginado es que, años antes, Taylor se había encontrado con esta misma criatura aterradora. Ahora, en conjunto con Suyin, debe enfrentar a todos sus miedos y arriesgar su propia vida para salvar a todos los que están atrapados debajo, llevándolo cara a cara una vez más con el depredador más grande y temible de todos los tiempos.
 
Megalodón
 
El director de cine norteamericano Jon Turteltaub (“La Leyenda del Tesoro Nacional” 2004) es el hombre que toma el control del “Megalodon” tras la renuncia del cineasta original, y está deseoso de mostrarnos una explicación creíble para justificar la presencia de esta bestia prehistórica en tiempos modernos. Pensemos en ello como un callejón sin salida de la evolución. Nuestro tiburón encontró un refugio en el océano inexplorado, y simplemente ha sido perturbado después de todo este tiempo. “Megalodón”, es sin duda una de las películas de Hollywood más esperadas del cine trash de este año 2018 y será sin duda una de las mejores sorpresas que ese cine basura nos entregue. ¿La razón? Muy sencilla, muy pocas veces podemos ver películas que ya sabemos que no son buenas pero que resulten estar tan bien hechas y ese es justo el caso de esta producción cinematográfica.
 
Por ello mi crítica de “Megalodón” en su trama es, a fin de cuentas lo de menos pues el asunto, ustedes podrán comprobarlo, es ver al gran Jason Statham batiéndose a duelo con un tiburón de 23 metros a través de una suerte de malabares improbables pero creíbles en el famoso universo interno de la película. Llena de momentos divertidos, de situaciones que inevitablemente harán que la comparen con otras cintas con tiburones en el reparto, con situaciones relajantes, “Megalodón” es la típica cinta que nos pide abrocharnos los cinturones pues navega en un río de turbulencias disparatadas pero curiosamente entrañables y eso en mucho se debe a la presencia de Statham. 
 
La prometida escena de la playa demuestra que, mientras un filme como “Piraña 3D” (Alexandre Aja, 2010) supo entender hasta dónde había que llegar, a “Megalodón” le cuesta decidirse y termina lanzándose al agua de manera superficial en su tratamiento gore que era mas sangriento en el primer corte original, pero que editaron para que la clasificación no fuera para un publico de adultos y así poder convertirla en un producto para consumo adolescente de verano . Aunque tiene lo mejor que veamos en el cine con un nuevo filme de tiburón gigante enfadado. Después de todas las cintas de superhéroes que tuvimos en cartelera, la idea de una película que muestre a Statham enfrentarse a un enorme tiburón es música para nuestros oídos. Como bien dice “The Stath” el apodo de Jason en el ambiente de las estrellas de Hollywood, “¿quién no quiere ver una película sobre el tiburón más grande que haya existido alguna vez?”. El tiburón en cuestión es “The Meg”, un supershark creado lógica y obviamente de manera digital, pero que esta visualmente imponente y en verdad llega a dar pavor con escalofríos por su presencia.
 
Megalodón
 
Mi 8 de calificación a esta entretenida película palomera, que nos sumerge en aguas profundas para presenciar a un grupo de expertos siendo atacado por una criatura masiva, que previamente se creía extinta y ahora se encuentra resurgiendo del fondo de la trinchera más profunda del Pacífico, con una tripulación atrapada en sus dominios, generando el suspenso que el público espera de una típica película de un tiburón asesino, tiene sus destellos de gracia y algunas vueltas de tuerca inesperadas; aunque la misma fórmula en diferentes secuencias de la película la vuelve un poco cansada. Pero ademas tiene detalles graciosos que no se sienten excesivos ni forzados entre el miedo y los nervios, que hasta podrían provocar una que otra carcajada.  
 
Con la forma de algunos elementos nuevos que no se haya utilizado anteriormente en películas de tiburones asesinos, como los turistas en peligro, un rescate heroico por un experto en el océano y algo de sangre derramada entre los cientos de dientes de este peligroso animal, por el resto resulta una película hollywoodense muy entretenida que sorprende en su fondo con una crítica en boca del visionario oceanógrafo, con respecto a la ética del estudio de nuevas especies y el medio ambiente. Y es que antes de convertirse en la estrella de acción con la calva más carismática de nuestro tiempo, Jason Statham era un experto buceador y nadador profesional, llegando a competir en los Juegos Olimpicos.
 
Megalodón
 
Por eso, enfrentarlo en alta mar a un megalodón parecía una ocasión magnífica para ampliar el campo de acción de su adrenalínica filmografía al mismo tiempo que se impulsa el siempre eficaz subgénero del cine de tiburones como “Infierno azul” (2016) que sigue siendo una de las mejores películas veraniegas de los últimos años con una descomunal bestia prehistórica lamentablemente poco representada; quizás, por las lineas argumentales que suelen hacer falta para justificar su presencia en pantalla tras 2,6 millones de años de extinción. Lástima que “Megalodón”, en vez de aprovechar todo ese potencial en la inverosímil situación para abrazar la aventura y suspenso marino, se quede algo tibio.
 
Que no se me malinterprete. Lejos de mi ánimo de reclamar para la adaptación de la novela del escritor Steve Alten un tratamiento mononeuronal de cinismo exasperante, como en las basuras autoparódicas de las películas televisivas en la saga de “Sharknado”. No es eso, ocurre que el director Jon Turteltaub se muestra incapaz de encontrar el tono que quiere para la historia, así que acaba nadando entre las aguas del exceso feriante como referente obvio a “Deep Blue Sea” (1999) y a la amenaza seria más obvio aún en “Tiburón” (1975). La película acaba tan perdida como el propio megalodón que, liberado de su ecosistema de cerrado, se ve obligado a nadar en un mundo contemporáneo que no entiende, donde está fuera de lugar alimentándose de humanos despistados que no paran de darle golpes. Hasta parece fácil empatizar con él escualo gigante, es toda una diversión escuálida garantizada. Constantemente hay estimulantes que mantienen el suspenso en el acecho del animal debido a sus impresionantes características en su rapidez, ingenio y tamaño, así como las condiciones del lugar elegante, pero muy desprotegido; además, el personaje del actor británico Jason Statham tiene algunos diálogos graciosos y cínicos, ya que es un enfrentamiento que lo hace personal. 
 
Lic.Ernesto Lerma, titular de la sección y columna periodista.

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