República Cinéfila | Dumbo (2019)

La versión con actores de carne y hueso del clásico animado de Disney “Dumbo” ahora dirigido por el gran cineasta norteamericano Tim Burton, quien en el pasado se encargó de replantear la idea de otro clásico de Disney, “Alicia en el País de Las Maravillas” (2010).
 
En el reparto de esta nueva versión encontramos al actor Colin Farrell, que en la trama de la sinopsis oficial interpreta a un veterano de la guerra que se emplea en el circo como domador de caballos mientras cuida a sus dos hijos tras la muerte de su madre. A Farrell lo acompañan Danny DeVito como el dueño del circo que compra a la madre de Dumbo antes de que este nazca, a Eva Green y a Michael Keaton como el villano que es un empresario que quiere explotar al tierno elefante. Ahora sí, podemos apreciar muchos de los detalles y de los movimientos que nos habían quedado a deber con aquel primer avance y trailer oficial, que de alguna manera incendió el internet con los halagos hacia lo que parece ser una solo buena película de Burton y, claro, hacia la animación digital en la que la cinta estará cimentada, a pesar de que la critica mundial no la haya recibido muy bien que digamos. Aquí esta todo mi análisis del porque esta mas que correcta cinta hollywoodense en su fondo es toda una reflexión sobre la industria del cine disfrazada de aventura familiar. La asociación casi inmediata que se puede hacer del personaje es con parte de la leyenda de Walt Disney, un tipo brillante pero que tenía una ética muy particular, que a menudo chocaba con las perspectivas de otros creadores como podía ser la del propio Burton. Esa metáfora un tanto retorcida, que podría poner a Burton en el lugar de Dumbo –alguien marginal, rebelándose ante su explotador y tratando de crear su propio destino- nunca llega realmente a cobrar vida, porque el cineasta nunca se conecta apropiadamente del todo con el protagonista de su película.
 
Dumbo
Medici (Danny DeVito). Photo by Jay Maidment © 2018 Disney Enterprises, Inc. All Rights Reserved.
 
Como era de esperar, esta nueva versión de “Dumbo” carece del encanto del filme original de 1941, porque las escenas como la llegada de las cigüeñas o la cogorza del bebé la verdad son insuperables. En los últimos años, Burton y Disney Studios colaboraron en tres filmes como lo fueron “Alicia en el País de las Maravillas” (2010), “Frankenweenie” (2012) y ahora “Dumbo”. Si la primera película era una decepción casi absoluta y la segunda una pequeña maravilla, la tercera se queda en un lugar inocuo, algo indiferente, alejada de todo riesgo. Y eso que todo estaba dado para que el realizador construyera un relato marcado por temas habituales en su cine, como la marginalidad, el descubrimiento y las reacciones de fascinación o rechazo provocadas por la otredad. Ese relato en cierto modo está ahí –latente o directamente explícito-, en ese circo habitado por freaks de todo tipo, del cual el pequeño elefante Dumbo, con sus orejas gigantes y su habilidad para volar, es el máximo exponente.
 
Pero todo está estructurado de forma aletargada, en piloto automático, como si Burton no sintiera verdadera pasión por lo que está contando y solo buscara hacer un despliegue superficial de sus grandes éxitos formales con la suma de personajes apartados del mundo y formando universos aparte; el manejo de colores como medios expresivos donde confluyen la luz con la oscuridad; y Dumbo como un nuevo “Joven Manos de Tijera” (1990), alguien que puede maravillar como a los hijos del ex soldado encarnado por Farrell, pero también ser visto como un medio de explotación.  Sin embargo, la película es más que notable y recupera a un Burton en plena forma. “Dumbo” es, a la vez, un homenaje al cine en el tiempo histórico con la presencia de iconos como el cowboy, el tren o los autómatas, y es una crítica despiadada a la industria que lo rodea. Lejos de ser un solo un buen remake, aunque se titule “Dumbo” y sus orejotas protagonicen los carteles, los auténticos héroes son los seres humanos. Porque todo es una exaltación de la familia con la actuación de un Colin Farrell y sus hijos, que suplantan al ratón y los cuervos fumapuros; y de la gran familia del circo, símbolo del melting pot de latinos, indios y demás sobre el que se construyó Estados Unidos. Todos juntos colaboran en liberar a Dumbo y su mamá de las cadenas que los mantienen esclavos de los intereses comerciales del malvado Vandevere, un Michael Keaton superlativo. Y he aquí el conflicto con el guión de la historia ya que el argumento no va, como en 1941, de cómo el elefantito descubre su don, sino de cómo lo gestiona y evita que lo exploten. En la escena climax del filme, Dumbo y sus inocentes amigos entran en una aventura de multitudes en Dreamland, recinto evocador de Disneyland. Creen que se les abren las puertas del cielo, pero en realidad están siendo encerrados en toda una cárcel de oro. Resulta imposible no ver en su fondo la fábula de Dumbo un trasunto del propio Burton, quien siempre ha sido un cineasta friki sensible y talentoso como el paquidermo volador, y su problemática relación con una compañía como Disney de la que, a menudo, ha afirmado sentirse prisionero. Acaba bien porque el tono que le da es como de un cuento, claro en la vida real –y Burton lo sabe– los Vandevere de turno siguen decorando sus despachos con el marfil arrancado a sus Dumbos particulares.
 
V.A. Vandevere (Michael Keaton), Colette Marchant (Eva Green). Photo by Jay Maidment. © 2018 Disney Enterprises, Inc. All Rights Reserved.
 
Mi 8 de calificación a la última cinta de un gran realizador como Burton que se aproxima a la historia de Dumbo con una frialdad llamativa, convirtiendo su aparente rebeldía –y la del elefante- en algo un tanto banal y superficial, como lo era la desobediencia de Alicia a los mandatos familiares. Eso se puede ver en cómo utiliza el recurso de ver volar a Dumbo, que a pesar de estar hecho en computadora, conserva su dulzura y nobleza innata lo repite varias veces, quitándole progresivamente su encanto, casi como si fuera una característica más del personaje en vez de una cualidad, de un factor que lo distingue y lo pone en un lugar destacable.
 
Algo parecido sucede con el resto de los personajes –el de Colin Farrell, sus hijos, la bailarina que encarna Eva Green-, cada uno con su pasado oscuro y doloroso, pero que nunca pasa de la mera anécdota, de huellas que no llegan a tener verdadero sentido. En un punto, cede a la tentación del villano empresario, explota lo maravilloso hasta quitarle carnadura y originalidad. Por eso su “Dumbo” es como un parque de diversiones al cual solo se va una vez apenas si entretiene, está lejos de conmover y difícilmente lo recordemos. Burton, en esta nueva asociación con Disney, más que potenciar su cine, se muestra domesticado e impersonal, como una copia de sí mismo. Dentro del último factor, de esa dicotomía entre la pura maravilla que es también una forma de amor y el deseo de lucro, es donde surge lo más interesante de la reversión de acción en vivo que construye Burton del clásico animado de 1941. El gran antagonista que va surgiendo a lo largo del relato es el dueño de un parque de diversiones muy bien interpretado por Michael Keaton, que nunca ve a Dumbo desde una perspectiva afectiva, sino como una máquina de hacer dinero y que al parecer a Burton es todo lo que actualmente le importa en el cine de Hollywood.
 
Reseña: Dumbo
 
Lic.Ernesto Lerma, titular de la sección y columna periodística.

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