República Cinéfila | Rápidos y Furiosos: Hobbs y Shaw

Con un reparto realmente espectacular aquí tienen mi opinión de “Rápidos y Furiosos: Hobbs y Shaw” con Dwayne Johnson y Jason Statham demostrando que allá donde van no necesitan carreteras ni a Vin Diésel para dar espectáculo en esta película que nos lleva a los límites de lo que creíamos posible, es decir, cómo cada una de las veces que aparece una nueva secuela todo es más grande, más rápida, más excéntrica, como más agitada. ¿Sabemos cuál es la historia esta vez? No, pero por lo visto en las ocho películas anteriores parece que tampoco necesitamos hacerlo.
 
En la sinopsis oficial de la trama, desde que se cruzaron los caminos del agente Hobbs (Johnson), un leal miembro de los servicios de Seguridad del Cuerpo Diplomático estadounidense, y del solitario mercenario Shaw (Statham), ex miembro de un cuerpo de élite del ejército británico, los insultos, golpes y burlas no han cesado entre ellos para ver cuál de los dos cae antes. Pero cuando un anarquista mejorado ciber-genéticamente llamado Brixton (Idris Elba) se hace con el control de una peligrosa arma biológica, el mundo se enfrenta a una de sus mayores amenazas. Cuando Shaw se entera de que además Brixton ha derrotado a su hermana, una brillante e intrépida agente secreta del M16 (Vanessa Kirby), él y Hobbs no tendrán más remedio que dejar su mortal enemistad a un lado para salvar el mundo y derrotar al único hombre capaz de acabar con ellos. “Rápidos y Furiosos” es una franquicia diseñada para entretenernos con secuencias de acción de alto calibre en las que la historia sirve sólo para hilar a una con la otra. ¿Eso es malo? No necesariamente, pero no es sino la prueba de que la historia no importa tanto con el mucho potencial de base deslucido artificialmente. La llegada de Dwayne Johnson a la familia “Fast & Furious” fue acertada. Su agente Luke Hobbs era como un camión cisterna a rebosar de energía y litros cúbicos de sudor difícil de contener dentro de las lindes de la saga y la necesidad de liderazgo de Vin Diesel.
 
En el spin-off que protagoniza junto al Deckard Shaw de Jason Statham sin superar la media mención al pasado de ambos personajes en la mitología original, prácticamente es la cámara del director David Leitch la que sufre para encuadrar de manera coherente a las dos estrellas de acción. Aunque antagónicos por naturaleza y las necesidades de guion de cualquier buddy movie, Hobbs y Shaw deben unir sus fuerzas y relucientes cráneos contra la amenaza de un Idris Elba cómodo en su rol de villano a un macguffin tecnobiológico pegado. No obstante, la auténtica tercera estrella de la función es Vanessa Kirby como la agente del MI6 y hermana de Shaw. La actriz de la serie televisiva “The Crown” y de “Misión: Imposible – Fallout” (2018) se mantiene a la altura física de sus compañeros y aporta el toque de humanidad necesario para calibrar los intercambios testosterónicos de los protagonistas. Kirby ayuda a pensar en la diferencia entre la saga de espionaje de Ethan Hunt y esta hipertrofiada aventura a escala global donde el cumplimiento de las leyes de la física es mucho menos importante que diseñar la pirotecnia más espectacular posible con las increíbles proezas que a Tom Cruise y sus muchachos les ocupan complicadas set pieces de infarto como el ir caminando por la fachada de un rascacielos, pegar saltos tipo vídeo juego HALO sin preparación, en “Hobbs & Shaw” son despachadas con la misma ligereza con la que se idean juegos de palabras dignos de Austin Powers.
 
Eso último es un elogio, por cierto, ya que la apuesta decidida por el humor con uno de los cameos estelares que aporta lo mejor de toda la película es la principal virtud de este armatoste blockbuster tan bien engrasado que va solo, pero, salvo por un clímax motorizado que seguramente le gustará a un director como George Miller (“Mad Max”), carece de momentos de brillo. Si bien se nota cómo Leitch intenta sacar partido a la jocosa animadversión y diferencias entre sus dos protagonistas recurriendo a una pantalla partida resultona y varios montajes paralelos estrepitosamente fallidos, es decepcionante comprobar cómo aquí el director de estupendos filmes como “Atómica” (2017) y “Deadpool 2” (2018), así como codirector de la capital saga de “John Wick” (2015/2017/2019) y veterano doble de acción, ha renunciado casi por completo a la fisicalidad de las luchas cuerpo a cuerpo y el encuadre áureo del sopapo bien temperado. En cambio, se refugia en exceso en los planos cortos, en el montaje atropellado y los apaños digitales que tanto han hecho por desaliñar el cine de acción actual; y contra lo que precisamente él y su compadre Chad Stahelski se han rebelado. “Hobbs & Shaw” ha gozado del mayor presupuesto manejado hasta ahora por Leitch y puede que la lluvia de millones invertidos en los efectos CGI haya ahogado su chispa creativa. Menos mal que, si hace caso a su propia película, sabe que una vuelta a las raíces le puede ayudar a solucionar muchos problemas.
 
Rápidos y Furiosos: Hobbs y Shaw
 
Recuerdo que escuché por primera vez el dicho de “más grasa que un millón de dólares de churros”. No es una frase muy sutil y no es difícil explicarla. La esencia de “Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw” tampoco lo es, por más que se construya desde un mecanismo de constante acumulación, que en demasiados pasajes le juega en contra. Como si los 200 millones de dólares de presupuesto con que cuenta la película fueran todos churros.
 
Este spin-off tiene un par de factores a su favor, que son –obviamente- Dwayne Johnson como Luke Hobbs y Jason Statham como Deckard Shaw, el agente de la ley y la mente criminal que no pararon de bardearse y a la vez tenerse algo de simpatía en la taquillera cinta “Rápidos y Furiosos 8” (2017). Acá se ven forzados a trabajar juntos para impedir que un virus aniquile a la mayoría de la población mundial. En el medio está Hattie una sobresaliente Vanessa Kirby, hermana de Shaw y agente del MI6 que se une a la misión, pero también un villano casi indestructible y con fuerza sobrehumana –cortesía de algunas alteraciones genéticas- al que Idris Elba interpreta con la solvencia que lo caracteriza. Además, tenemos a una organización secreta que está tras el virus y que es tan despiadada como pródiga en recursos. Y hay varias persecuciones, explosiones y peleas algunas más propias del cine de animación en ciudades como Londres, Rusia y hasta Samoa. Y hasta toques de ciencia ficción, de romance, de comedia, algo de drama familiar hecho a las apuradas, rituales polinesios, cameos de estrellas hollywoodenses y la clara intención de dejar allanado el camino para una franquicia aparte de la de “Rápidos y Furiosos“. 
 
Con tantos elementos, tantas tramas, subtramas y tonalidades –casi todas transitadas a mil por hora- convierten a “Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw” en una experiencia tan abrumadora como irreal. Es casi como ver una película del cineasta Michael Bay de la saga “Transformers“, aunque más prolija desde la puesta en escena –al fin y al cabo, el director David Leitch sabe filmar las secuencias de acción- y con un poco más de humanidad en el desarrollo de los personajes. En el último factor son claves las estrellas Johnson y Statham, que no solo sustentan sus presencias desde lo corporal, sino también desde sus capacidades cómicas y la innegable química que construyen entre sí. Aún con sus méritos y pasajes ciertamente atractivos en la primera mitad de su metraje –que nacen, en buena medida, de su desparpajo- “Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw” no llega a redondear de manera óptima su propuesta. De hecho, la última media hora es tan ruidosa como tediosa, aunque igual le alcance para ser de lo mejor de la franquicia a la cual todavía pertenece. Quizás se pasaron con la cantidad de churros en las excesivas escenas de acción. Porque esta es una fantasía cibernética, que encuentra su mejor público entre los jóvenes que gustan de las peleas, de las explosiones, así como de los inventos tecnológicos que amenazan el planeta. Como ya no hay vestigios de la saga original que crearon con el mega éxito del fallecido actor Paul Walker, la estrella Vin Diesel, también ya borrado del universo “Fast & Furious“, lo que realmente importa aquí es todo lo que gira alrededor de ella. Si acaso hay un par de persecuciones en coches.
 
Pero así como la tecnología sorprende por su sofisticación, también llama la atención toda la serie de diálogos entre los personajes de Hobbs y Shaw en este que es el primer spin-off de la serie y que llego con dos personajes que han demostrado ser verdaderos imanes de taquilla. Aquello que en el año 2001 nació como exaltación de la estética del tuning, por aquel entonces en plena efervescencia con la cinta debut, acabó derivando, con el paso del tiempo y la lógica caducidad de las modas pasajeras, en thrillers herederos influenciado por las películas en la veterana franquicia de James Bond. Los coches han continuado teniendo su importancia -como no es su marca de fábrica-, pero lo que se impone es salvar el mundo ante la amenaza del malvado de turno, cuanto más inverosímiles y locas fueran las escenas de acción y persecuciones, mejor. En ese sentido, la sexta película de la franquicia se convirtió en punto clave porque en primer lugar Dwayne Johnson, que había sido adversario en la quinta entrega, acababa uniendo sus fuerzas con el personaje de Toretto (Vin Diesel) y los suyos y, después, porque en la escena post-créditos descubríamos a la siguiente y decisiva incorporación con la estrella británica Jason Statham siendo el sueño húmedo de cualquier fanático del cine de acción ver a “The Rock” y Statham, cara a cara. Y a pesar del miedo de Vin Diesel ante ese monstruo de dos cabezas que amenaza con comerse la saga, el spin-off estaba cantado. Ahora, por fin, ya lo tenemos aquí y en honor a la verdad divierte y entretiene mucho. 
 
Rápidos y Furiosos: Hobbs y Shaw
 
Mi 8 de calificación a este spin-off, porque de la franquicia original que inició en el año de 2001, ya no queda prácticamente nada, pero no importa. Lo relevante de este filme derivado para esperar la novena y décima entrega oficial de la saga es que se dan emociones a raudales, con alto octanaje y mucho humor. La combinación de estrellas es una apuesta infalible en una trama que es bastante sencilla y muy esquemática, al alcance de todos, donde no existe ninguna complicación en su fondo. Si acaso se le menciona como un pretexto para ver las largas secuencias de los dos tipos rudos abatiendo uno tras otro, como moscas, a los ineptos criminales que se les enciman con el propósito inútil de detenerlos.
 
El género y el tono de la serie permiten cualquier libertad creativa con los guionistas que se aprovecharon de ello. Los trucos que se usan aquí, por novedosos y atrevidos, pueden serle de inspiración a la productora Barbara Brocolli, para cuando presente la siguiente historia en la esperada película numero 25 de James Bond. Las actuaciones de Johnson y Statham con sus intercambios son de lo mejor de la cinta, ya que charlan como si estuvieran en un duelo de estanduperos, lanzándose metralletas de chascarrillos, con insinuaciones relacionadas con la libido, la masculinidad y su eficiencia como súper agentes. Lo que queda al final de esta producción fílmica, es una rutinaria cinta de patadas y armas sofisticadas, de altísimo presupuesto que se desarrolla en escenarios internacionales. Como la marca tiene ya cautivo a su público, seguirá reproduciéndose, interminablemente.
 
Y si no son Johnson y Statham, serán otros heroicos paladines de la justicia los que se encargarán de salvar, una vez más, al planeta de los planes de quienes se declaran en contra de la humanidad y el estilo de vida occidental. Aunque le sobran unos 30 minutos, la película le ofrece a los fans de la franquicia lo que exactamente esperarían de estos dos personajes. Hay un puñado de chistes, el continuo y jocoso toma y daca entre Johnson y Statham, alguna que otra referencia cinéfila con Minis de por medio y, especialmente, dos apariciones especiales que son mucho más que simples cameos acaban de dar forma a un gozoso entretenimiento dirigido con mano maestra por David Leitch que, sobre todo, quiere reivindicar el cine de acción de toda la vida, aquel donde ellos, y ahora también ellas, y sus puños son los que mandan, eso tiene su mérito. Y todavía más en una franquicia como esta, así que Vin, échate a temblar viendo en esta cinta lo mejor en las dos apariciones especiales y Vanessa Kirby. Pero con lo peor en lo poco aprovechado que está el villano interpretado por Idris Elba. ¿Hay persecuciones? Por supuesto. ¿Y coches tuneados y trucados? Evidentemente. El título nos recuerda que esto es una película de la taquillera saga “Fast & Furious“. Y vaya si lo es. ¿Y hay un malo muy malo? Claro que sí, aunque la historia no acabe de explotar como cabría esperar el hecho de tener a alguien del nivel histrionico como Idris Elba en un personaje que está algo desdibujado. Pero es, por encima de todo, una cinta marcada a fuego por la personalidad de sus dos protagonistas, por su puro carisma y, sin duda, las dos grandes estrellas del cine de acción actual con el permiso de Mr. Keanu “John Wick” Reeves. Ellos, y la acertada incorporación de la hermana de Shaw, encarnada por una excepcional actriz británica como lo es Vanessa Kirby que ha sabido leer el juego, suponen un seguro de vida ante un guión que tampoco necesita demasiadas sorpresas para tener atado al espectador a la butaca. Exagerada, aventurera, divertida, cómica, excesiva, como la gran franquicia comercial que se ha convertido.
 
Rápidos y Furiosos: Hobbs y Shaw
 
Lic.Ernesto Lerma, titular de la sección y columna periodística.

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