No Respires 2 | República Cinéfila

El estreno de No Respires en 2016 supuso una conmoción, todo un shock de energía que revitalizaba ciertas esperanzas con respecto al futuro del terror, en un momento en que el género no hacía más que copiarse y devorarse.

Supuso, también, una confirmación: la de Fede Alvarez como uno de los realizadores más interesantes del último tiempo, un tipo que entendía los engranajes del terror y sabía cómo ponerlos a trabajar de maneras superadoras.

Luego de la excelente y polémica, no apta para puristas remake de Posesión Infernal en 2013, Alvarez entregaba una historia original y salía triunfante. Todos los amantes del género esperábamos con ansias y expectativa el paso siguiente, que la vida quiso que fuera en falso. La Chica en La Telaraña (2018), una nueva adaptación de las novelas policiales de Stieg Larsson, fue una película rutinaria y vacía de personalidad, un trabajo hecho con oficio, pero casi sin alma. Después vino la serie televisiva Calls, que tiene una premisa llamativa a partir de su experimentación con la forma, y en el futuro inmediato aparece una secuela de La Masacre de Texas, en la que Alvarez oficia de productor y guionista. En lo que quizás sea un descanso de la silla de director, el uruguayo mantiene también esos roles en No Respires 2, y cede la dirección a su compatriota y colaborador Rodo Sayagues.

El primer problema de esta secuela está en el enfoque que pretende darle a su protagonista, el brutal villano de la primera parte, que en esta ocasión parece encaminado hacia una posible redención. Pasaron algunos años desde el primer filme, y Norman Nodstrom, el hombre ciego (Stephen Lang), vive ahora en una cabaña en el bosque, con una niña llamada Phoenix (Madelyn Grace), a la que trata como a una hija. De hecho, Phoenix cree que es realmente hija de Nodstrom, aunque cualquiera que haya visto la primera parte sabe que no es así. De entrada, la presencia de la niña y el comportamiento del protagonista ponen a la película en un lugar distinto del de su predecesora, que tenía intenciones mucho más sencillas, pero ejecutadas con una contundencia implacable. Acá las cosas se complican un poco más, porque Nodstrom ya no es el villano, pero no deja de ser un hombre terrible, que tiene secuestrada a Phoenix para ocupar el vacío de una hija muerta.

Para redimirlo, al menos parcialmente, la película introduce un grupo de ladrones de órganos, que tienen un interés especial en la niña. Esta secuela del exitoso thriller de Alvarez toma algunas decisiones arriesgadas. Pero ese riesgo no trae como consecuencia un filme mejor. Y ver a Stephen Lang con un martillo y un cristal en las últimas imágenes que protagonizan el póster de No Respires 2, continuación de aquella maravillosa sorpresa llamada No Respires en la que en su trama, un grupo de jóvenes cree haber encontrado la oportunidad de cometer el crimen perfecto al robar varios miles de dólares a un ciego solitario. Por suerte para nosotros, que no para ellos, la cosa se complica. Y es que el segundo largometraje del cineasta uruguayo Fede Álvarez es un thriller que va contra algunas convenciones del género. Aquí continúa apostando por la creativa trama protagonizada por el asesino invidente, que en esta ocasión pasa de ser el villano convertido ahora en el héroe de la historia. 

Álvarez actúa ahora como coguionista y productor oficial de la nueva película. Por su parte, Rodo Sayagues, quien había sido coguionista también del primer filme, ahora es el cineasta detrás de las cámaras. En su momento, habiendo superado con creces las dificultades de hacer una nueva versión de un clásico de culto como lo fue Evil Dead (2013), Alvarez encaro otro proyecto fílmico muy difícil. No Respires fue en el año de 2016 una película de una premisa simple que conocemos desde el primer tráiler, con un grupo de ladrones jóvenes y sofisticados que intentan robar una casa habitada por un viejo ex-militar ciego y aparentemente poco peligroso. Allí descubrirán algunas verdades atroces sobre su víctima que se convertirá en victimario e intentará cazarlos uno a uno.

No respires 2

Mi 8 de calificación a No Respires 2 que sino fuera una secuela, si fuera solo la historia de un padre con un pasado traumático y su supuesta hija enfrentados a un grupo de psicópatas, la película funcionaría medianamente bien con la continuación que está ambientada en los años posteriores al mortal allanamiento inicial, donde Norman Nordstrom vive en una tranquila soledad hasta que sus pecados del pasado le alcanzan. Acompañan a Lang en el elenco del nuevo filme Stephanie Arcila (Penny Dreadful: City of Angels), Madelyn Grace (Z Nation), Bobby Schofield (Cherry) o Adam Young (Sex Education), entre otros.

El prólogo es bueno, contundente, nos pone de inmediato en contacto con las motivaciones de los personajes. Sin embargo, la secuencia donde se nos muestra el interior de la casa cuando los ladrones logran ingresar es reveladora, y no sólo por su efectividad. Si en la primera parte, Stephen Lang interpretaba a un psicópata ciego luchando contra unos jóvenes ladrones, quienes habían creído encontrar el golpe de su vida, ahora la historia es muy diferente.

Años después de la invasión mortal en su hogar, Norman Nordstrom vive una vida apacible hasta que los fantasmas del pasado retornan. Sayagues filma las escenas más brutales de manera virtuosa, con una puesta en escena deudora del estilo de Alvarez. Profundiza en el recurso de mostrar un objeto que más tarde tendrá una relevancia homicida, y como en la primera parte, hay un uso notable del plano secuencia para generar tensión a partir de la utilización del espacio y el sonido. La cantidad de cuerpos mutilados es mucho mayor, lo que permite que, por un lado, Nodstrom vaya desbloqueando niveles de violencia con cada enfrentamiento, y por el otro, que el director pueda filmarlos con nervio y gusto por la sangre.

La intención es clara: redoblar la apuesta y tirar toda la carne al asador. Claro que hay ocasiones en que menos es más, y por eso la entrega anterior funcionaba como un ejercicio asfixiante, contenido casi todo el tiempo en una casa y unos pocos personajes. A Sayagues la acumulación de truculencias le juega en contra, sobre todo porque está montada sobre un guion que pierde consistencia en su segunda mitad y se empantana. Quizás la comparación sea caprichosa, pero es posible pensar No Respires 2 en relación con Terminator 2 (1991). Está el progenitor que entrena a su hijo (madre e hijo en aquella, padre e hija acá) para enfrentar una posible amenaza, la máquina de matar que pasa de villano a héroe, y la redención a través del sacrificio. Sería injusto valorarlas una al lado de la otra, más cuando Terminator 2 es toda una obra maestra y el lazo entre ambas no es manifiesto sino más bien funcional a una idea.

El cambio de bando del protagonista en la secuela de James Cameron estaba trabajado desde una lógica interna (al fin y al cabo, eran distintos androides), pero sobre todo desde una lógica cinematográfica, comercial si se quiere, y claramente acertada. En No Respires 2, esa decisión nunca llega a cobrar un peso narrativo, y todo lo que sucede alrededor parece puesto para forzar esa conversión. A pesar de ser competente hasta un punto, porque todo el tema de los órganos puede tener su correlación con la secuencia de la inseminación de la primera parte, pero no deja de sentirse fuera de lugar e incluso ridículo, No Respires 2 es, en su carácter de secuela, es una película algo fallida, y una muestra más de un síntoma que acecha a esta época, con películas que no pueden contener al mal sin que tenga su lado bueno. 

No Respires y su secuela pertenecen a la categoría de los sleeper hits, el de las películas que llegan a cartelera sin mucho ruido y que terminan por desbancar a producciones más grandes. Se trata de un thriller que manipula las lealtades del espectador con los personajes, invirtiendo los roles tradicionales en las películas que giran en torno a invasiones a casas: aquí no se puede asegurar que los invasores sean culpables ni que el invadido sea una víctima. A medida que No Respires 2 avanza a ritmo sostenido, a puro suspense y con su premisa bien aprovechada, iremos captando los detalles, algunos de los rasgos autorales, como la particular estructura episódica para englobar las secuencias violentas, que terminan siendo una sumatoria de clímax hacia el final, o el estiramiento de los giros del guion, donde ningún final parece el verdadero final. Incluso la manera en que se nos presentan los objetos antes de que formen parte de alguna acción concreta: por ejemplo, vemos un martillo en un momento cualquiera, pero cuando llega el peligro sabemos que está allí, y de hecho tenemos expectativas con ese martillo.

A ese nivel hitchcockniano explícito trabajan Alvarez y Sayagues todo es parte de un plan en su maquinaria de suspenso perversa llamada No Respires. Hasta se consiguió una actriz fetiche: Jane Levy es la heroína en sus dos películas y su sólida interpretación sorprende en ambos casos. Tan bien funciona No Respires 2 con el protagonista de villano a héroe en esta ocasión como una máquina de suspenso y horror que confirma al cine de terror más interesante de la actualidad que toma algunas decisiones arriesgadas, pero que con ese riesgo nos trae como consecuencia un filme casi mejor, que si bien no supera a la cinta original, pero esta película es una digna segunda parte.

Lic. Ernesto Lerma, titular de la sección y columna periodística.

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